Diario de León
Publicado por
Manuel Alcántara
León

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S eríamos más obedientes si nuestras múltiples autoridades prohibieran las cosas que no nos gustan, pero se empeñan en restringir las que nos consuelan y las que nos distraen. La penalización ha alcanzado una de sus más alta cotas impidiendo que nadie tenga compañeros de trabajo. No le ha sido difícil a los que siguen gobernado en esta inacabable crisis: les ha bastado con conseguir que casi nadie tenga trabajo o lo tenga visto y no visto. Hola y adiós. La cuarta parte de los contratos tienen una duración inferior a diez días, pero los sindicatos que agrupan a los currantes siguen llamándose así y no se renuevan pase lo que pase, aunque pasen los años.

Incluso el diabólico mago del balón Messi teme que el juez le siente en el banquillo de los acusados, ya que ningún entrenador ha sido tan insensato de sentarlo en el banquillo de los suplentes. Se dice que existen «indicios racionales de criminalidad», pero sería un crimen de lesa afición. Está garantizado que alguien conspira contra nosotros por querer olvidar, aunque sea sólo durante noventa minutos, más lo que descuente el árbitro a la inolvidable crisis.

Jean Cocteau se preguntó qué sería de los niños sin la desobediencia. A mí me gustaría que me prohibieran bajo severos castigos asistir a mítines o coleccionar fotografías de los líderes más fotogénicos. Obedecería con sumo gusto, pero me fastidia en alto grado tener que fumar a la intemperie, porque no dejan hacerlo bajo techado y los depravados fumadores tenemos que renunciar a las sobremesas o a ausentarnos momentáneamente y quedar como personas todavía más ineducadas de lo que somos.

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