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leónManuel Rodríguez Díez.
León

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Aún queda gente honrada… y mucha

E l pasado día 7 viajé a Madrid en tren. Dado que regresaba por la tarde, mi único equipaje consistía en un pequeño maletín que coloqué sobre mi regazo para apoyar el ordenador, y una bolsa de plástico que contenía tres cajas de mantecadas de Astorga y que coloqué en la repisa para equipajes.

Llegado a Madrid y tras bajar del tren y meterme en el metro, me di cuenta de que había olvidado la bolsa en el tren. Naturalmente, no le di importancia mayor, dado que lay pérdida no tenía gran valor. Sí les dije a los amigos para quien eran las mantecadas que, por culpa mía, se quedaban sin ellas.

Por la tarde, esos mismos amigos me llevaron a Chamartín. Dado que tenía tiempo de sobra, y por la sola razón de comprobar si aún se da la honradez en ocasiones como la que me ocupa, se me ocurrió ir al departamento de atención al cliente y expliqué lo ocurrido por la mañana.

La señorita que muy amablemente me atendió se levantó y se acercó a un armario cercano donde, aparentemente, guardan las cosas perdidas por los viajeros. Con gran sorpresa por mi parte, allí estaba la bolsa con las cajas de mantecadas.

Regalé una caja a la empleada para que las compartiera con sus colegas y entregué las otras dos a mis amigos, que estaban tan gratamente sorprendidos como yo.

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Por desgracia, oímos y leemos más cosas negativas que positivas, tanto porque quizás las primeras ocurren más a menudo como porque ‘son más noticia’. Por ello, para que podamos seguir teniendo fe en la humanidad, quiero dejar constancia de que aún quedan en el mundo muchas personas honradas. En Renfe/Adif y en muchos otros sitios.