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Luis Alberto Rodríguez Arroyo.Santo tomás de las ollas
León

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El dejar hacer de Rajoy

M i abuelo —voluntario en la Guerra Civil— siempre se mostró vehemente con los nacionalismos, que percibía como una amenaza innecesaria para el país. No entendía que unos pocos quisieran vulnerar gratuitamente la voluntad de muchos. Y así acostumbraba a finalizar sus discursos a los nietos, con la frase «…y si no, al tiempo». Dando a entender que sería éste el que sin tardar pondría a cada uno en su sitio. Huelga decir que, casi siempre, tuvo razón. Razón —que aunque nos cueste— vamos a tener que empezar a dar al presidente del Gobierno. Porque tras ser tachado —con riesgo de llegar al tópico— de contemporizador, según sus propias palabras «no es inacción, inmovilismo o indecisión, es prudencia». Ese dejar hacer le está dando frutos. Pues tras confiar su campaña a la única baza de la recuperación económica —obviando otros asuntos incómodos—, el resto se lo están brindando los demás. Deberá en breve agradecer a Mas su deriva secesionista, consiguiendo con ella —obviando cualquier tipo de demagogia— poner de acuerdo en lo esencial a los constitucionalistas. A Iglesias por diluir su marca en una amalgama de alianzas hacia ninguna parte. A Sánchez por centrar sus apariciones en la derogación de la reforma laboral abrazándose a Susana Díaz. A Rivera por plantear promesas someramente fundamentadas. Y a Baños —Albert mediante— por dejarle claro que 62 diputados pueden no ser nada frente a 10. Y si no, al tiempo, que decía mi abuelo.

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