CORNADA DE LOBO
Ay, Bertín
De televisión, oiga, hable de algún programa o de alguien que salió en la tele si no hay tema o no hay con quién y así trabará una charleta segura para salir de la planicie.
De Bertín se habla, Osborne, el apellido de los torazos que aún se ven en las carreteras españolas luciendo lo viril con un par... y con cuernos (Bertín también es grandón).
Bertín tiene programa en la tele pública al que lleva a un invitado para andarlo como en casa, para arrellanarlo en el porche o el salón entre chismes tiesos y risas flojas, entre una seriedad tontuela y un viva el vino... pero «cero en sensibilidad, cero en inquietud intelectual», decía el Huffington Post... la superficialidad manda y nunca ahonda las preguntas para confirmar que «de visita todos somos guapos». Es como el Hola, pero enseñando algo las bragas. Es Bertín. Es un éxito, por lo visto.
Gusta la cosa porque Bertín va de guapo relajao, de pícaro llano y de simpático mocetón que menea el suspiro a las maduras, aunque los que salgan ahí, sus invitados, sean los famosos de nómina repetida, amigos de siempre y, ahora, algunos líderes que buscan subirse a la cuota de audiencia, a un pico malayo o a un globo (sonda)... Soraya, Sorayita, que te la das... ponte aquí detrás y yo te hago de airbag, le decía el paisano Calleja en la barquilla-canasta del globo ante un aterrizaje pericoloso... Mariano, Marianín, gríllate el debate y vete al futbolín, déjate de globos, tienes una edad, sugirió Sócrates.
Los debates menguan porque hay cierta hartura de verlos a diario en las teles y radios. Los debates sólo aportan lo consabido y acabarán quedando en gesto litúrgico, en recital... y como la tele manda, los programas de aventura o los realitis serán dentro de poco donde diriman sus fuerzas los candidatos... y el que gane al triatlon, el que mejor imite a Joan Baez o el que más chifle, capador.
Desanima ver la talla de estos políticos. Es preferible verles en casa de Bertín, hasta parecen humanos. Lo terrible es que después se comprueba que el índice de audiencia que tuvo cada cual fue más preciso en votos que los del sondeo más atinado.
La tele vota. Viva el espectáculo.