Diario de León

CUERPO A TIERRA

Como si les perteneciera

Publicado por
antonio manilla
León

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Lo escribe el poeta salmantino afincado en León José Luis Puerto en su último libro, La casa del alma, una colecta de prosas hilvanadas con puntadas de eternidad. Y lo hace ante la contemplación de una fotografía de su padre, un retrato puede que imaginario pero que permanece archivado en el desván de su memoria íntima. Regresa del trabajo diario a casa y, ante la visión de la comida que espera sobre la mesa pobre, nos dice de él: «Esboza una sonrisa, como si le perteneciera, como si en ella estuviera contenido lo mejor de él». Es inevitable pensar amargamente en el misterio de las cosas que no alcanzamos a poseer nunca del todo, como la felicidad, en las que se nos escapan entre los dedos sin que podamos hacer nada para retenerlas. Quizá sea que son las más puras: aquellas que conjugan verdad con belleza de una manera que es de naturaleza efímera, imposible de conservar.

Y por esa melancolía que es a veces un revulsivo, una punzada de rebeldía —como nos dijo Camus, rebelde es el hombre que dice no—, a mí me ha dado por enredarme unos instantes en ese sintagma, en ese tan simple y poético «como si le perteneciera». Y he pensado en la desastrosa gestión que han realizado los gobernantes durante años con nuestra dignidad, vapuleada y menospreciada, «como si les perteneciera». Y he pasado por una hermosa plaza empedrada y antigua, el único vestigio que queda de lo que fue una ciudad con personalidad propia e inconfundible, a la que algunos quieren tratar «como si les perteneciera». Y he pisado las calles desiertas de un pueblo, como tanto otros, lentamente dejado en manos del abandono por aquellos que en realidad tendrían que combatirlo, así como paseado las riberas de unos ríos sucios y sin vida, a los que incluso muchos de nosotros hemos tratado «como si nos pertenecieran».

Allí donde he mirado, era todo «como si les perteneciera». Nuestro voto, como bien se ve en los cambalaches surgidos del 20 de diciembre; nuestra conciencia, a la que de alguna manera parecemos haber renunciado en aras de una vida de subsistencia; quizá nosotros mismos. Todo apunta a que vamos a seguir siendo tratados —y no precisamente para el cuidado— «como si les perteneciéramos». Igual que si fuéramos mascotas. Marionetas de una fuerza superior. Y no.

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