Diario de León
Publicado por
ALFONSO GARCÍA
León

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D ecía el periodista y escritor Rodolfo Walsh que «las paredes son la imprenta del pueblo». No le falta razón, especialmente en algunos momentos históricos en que las paredes alimentaron sueños, ilusiones y utopías. Hay mensajes para todos los gustos y disgustos, simpáticos, sosos, atractivos, redondos, inofensivos y de mala educación. Hoy es uno de los días clásicos para el arrepentimiento, las promesas o los decididos propósitos de evitar más estragos. Estas fechas también suelen identificarse con las alegrías desenfrenadas, subidas de tono en el comer y el beber. Excesos. No todos, claro. Abundan los planes para el nuevo año: gym, jumping, footing, running… y todo ese galimatías reductor de michelines y cimientos de una vida sana. Conversaciones repetidas, propósitos tambaleantes: «Y es que un cocidito de vez en cuando…», «Y una(s) cervecita(s)…», «Y un gin-tonic…». «Coño —me dice uno—, que la carne es débil». Tan débil, que por los vericuetos infinitos de las pistas de la información y sus múltiples sucedáneos circulan no uno, sino varios «Decálogos del Año Nuevo que nadie cumple nunca». O casi nunca. O pocos. Vaya usted a saber.

Biciactivismo recomienda una de esas paredes, a la entrada de un garaje en el barrio de San Mamés. Literalmente: «Menos coches + biciactivismo». Qué quieren que les diga. Me molestan, desde siempre, los eslóganes impositivos. A la dictadura vertical se une otra, horizontal, tan peligrosa y dañina, porque tienen ambas una finalidad de obligada ejecución sin derecho a réplica. Lo de los coches no está mal, por razones tan actuales. Pero ¿por qué en bici y no en bus, a pie, a saltos o en patinete? ¿Cuántos pedales habrá dado el consejero-impositor en su vida? ¿Habrá sido fiel al carril-bici o, por el contrario, sorteará viandantes por las aceras? ¿Nos enviará el personaje el mandato de comer acerolas en vez de manzanas o naranjas porque son buenas, digo, para la próstata?

Dejemos las preguntas al escritor desconocido, que estábamos con los nuevos propósitos. Mientras hablaban, en chándal, calentaban suavemente, a saltitos y respiración rítmica y acentuada, decididos a sudar después la gota gorda a la vereda del Bernesga. Pero hete aquí que llega un médico. Lo conocí en un acto literario en la ciudad del Tormes. Como entonces, repartió entre la concurrencia unas hojitas con versos de «José Antonio Gabriel y Galán a su médico». Estos: «Dices que para vivir,/debo dejar de beber,/y tengo que prescindir/de fumar y de joder./Tu consejo es a mi ver/sabio, atinado y prudente./Mas si tanto inconveniente/suelen tener las pasiones,/dime para qué cojones/quiere la salud la gente».

Silencio. «¿Sabes que va a tener razón —lo rompió uno— el tal galán?». Y arrancaron. No hacia el río, sino a tomar unos vinos. «El lunes que viene empiezo», como esa hermosa canción de propósitos del canario Yerai. Así se escribe la historia.

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