La opinión del lector
Hacienda no somos todos
S olo es para la publicidad. !!Acabaramos!! por fin una verdad llega desde las alturas. Porque Hacienda solo somos los pobres, los de a pie, los que trabajamos honradamente, los tontos. ¿Acaso alguien había pensado lo contrario? Todo es un paripé, todo es mentira. El poder lo sabe y engañar es su labor, su trabajo. Pero, qué bonito es poder creer, la ignorancia es la base de la felicidad, al menos, en el tema gobierno y administraciones.
Y, cómo se pegan por el puesto, da igual que sea legal, ilegal...les ampara la mentira, y no pasa nada, ahí les ves, impasibles, que pase el tiempo, saben que van a seguir viviendo como siempre, o sea, bien.
La desvergüenza, hoy día, debe de ser una virtud, que la gente humilde no se puede permitir.
El sistema está preparado para destruir a las personas, que curiosamente, las personas, somos las que obligatoriamente sostenemos el sistema. De locos!!
Hacienda no somos todos, solo es publicidad. Ya lo sabíamos.
Sálvese quien pueda.
Salvar banca-telefónica
S aben? Yo no entiendo de bebés en el Congreso, ni de rastas. Yo no sigo los avances de los pactos políticos para gobernar lo ingobernable. No sé muy bien qué pasa con esa porción de España llamada Cataluña que quiere salir remando en su balsa de piedra, al más puro estilo de Saramago. Pero hay algo que sí entiendo. Sé lo que es sustentar un sueño en el día a día, una vida. Sé lo que es levantarte en un hogar, madrugar para ir a trabajar y desplazarte caminando a un lugar de trabajo. Recorrer unas calles aún húmedas por el relente, pasar por delante de aquel bar donde anoche tomaste una caña en buena compañía. Aspirar unos segundos el olor de la churrería. Ver en una marquesina el anuncio de una exposición del Musac a la que apetece ir. Detenerte frente al cartel de una obra infantil del teatro San Francisco, que supone una buena oferta de ocio familiar. Leer el flyer que anuncia una feria internacional en el León Arena donde ir a echar unas risas, y aprender, y disfrutar con unos amigos. Todo esto de camino al trabajo… y terminar la jornada laboral y regresar al mismo hogar del que se partió. Dejar las llaves en ese «vuelcatodo» sin nombre. Y saber que estarán ahí al día siguiente, en el que todo volverá a comenzar. ¿Saben? Hay 46 familias que van a perder esa seguridad. Y ¿saben algo más? Que no son solo 46 familias. Que también perderá el Musac, y el bar, y la churrería, y el teatro San Francisco y el León Arena. Porque cuando se produce un despido no es solo una pieza la que cae. Son muchísimas más.
León está a punto de perder el centro de trabajo que mantenía el asesoramiento de banca telefónica a Caja España-Duero. Se lo llevan. Fuera de nuestra ciudad, de nuestra provincia, de nuestra región. Aquí nos quedamos, aislados, vendidos. Como nos quedamos cuando se esfumó la minería, como sucedió con Everest… Hoy ha amanecido y las calles no estaban húmedas solo por el relente. Había algo más. Nuestra catedral llora, llora San Isidoro, llora la Plaza del Grano. Y nadie busca soluciones para calmar el torrente.
Y no hay balsa de piedra a la que subirse y remar.