Feve
F eve fue un sueño de futuro por raíles. Una vía estrecha que se abrió paso por las vetas de carbón de la montaña leonesa para alumbrar un desarrollo industrial que hasta entonces se guiaba a paso de buey. No había horizontes, ni cómo franquearlos, cuando el Hullero construyó un cauce de comunicación contra el aislamiento para vertebrar la espina dorsal de una tierra condenada a encontrar la salida a fuerza de devorar sus entrañas. Vinieron hombres que luego se tuvieron que marchar por el reguero metálico que durante casi un siglo dibujó la esperanza. Cambiaron las locomotoras de altos hornos por otros progresos a los que León no logró subirse, siempre a destiempo de los intereses nacionales y las apuestas de país. Y la traza se fue a segundo plano poco a poco hasta terminar en esta eutanasia a la que el Ministerio de Fomento ha condenado al viejo ferrocarril de La Robla. En sordina, como se dejan ir por inercia los viejos en las rachas con más aristas del invierno, el tren se apaga a las puertas de la cuidad.
Ahí lleva cinco años con los intermitentes puestos a la altura de La Asunción. Cinco años de los cuales los cuatro últimos se han empleado en una maniobra de desgaste progresivo del ministerio que dirige Ana Pastor, con la connivencia cómplice de los gobiernos del PP en el Ayuntamiento y la Junta, para que la obra de la integración sea un mausoleo en el que enterrar definitivamente al viejo Hullero; el mismo tren al que ya en 1991 tuvieron durante un par de años en coma inducido para calibrar la resistencia de los leoneses al abandono. Un mandato entero y lo que va de este en el que se ha perdido ya uno de cada tres viajeros que antes llegaban hasta la estación de Matallana, en el centro de la ciudad, mientras se escudan en problemas administrativos que con un mínimo de voluntad política se resolverían en una semana. Pero no interesa, como se ve cuando hay trayectos que incluso se tienen que hacer ya en bus por la falta de maquinistas. Se busca la sangría asistida para poder justificar el cierre en la falta de rentabilidad, la escasez de recursos y la necesidad de optimizar el dinero público. No entienden que ese ferrocarril mantiene abiertos pueblos enteros y presenta una oportunidad para el desarrollo rural y la cohesión muy por encima de tanta ley vacía e inútil de ordenación territorial pensada por urbanistas para concentrar poder. Con el retraso que trae, este tren nos va llevar por delante sin que nos demos cuenta. No va a hacer falta ni que se salga de la vía.