Diario de León
Publicado por
Julián Álvarez Gonzálezo Psicólogo Clínico. UNAM. CENTRO aLOIS
León

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L as dolencias psicosomáticas junto con los trastornos del estado de ánimo y las demencias constituyen los problemas de salud pública con mayor impacto social y económico en el contexto europeo. Estas enfermedades son hoy tan frecuentes que más de un 12% de la población europea sufre de estos males y es que a veces el cuerpo humano nos juega malas pasadas que no son atribuibles a fallos orgánicos sino a la mente porque los desequilibrios psíquicos se ven reflejados en la salud física y son ellos los responsables de que suframos un sinfín de enfermedades. Para sanar es preciso curar el cuerpo pero antes las heridas del alma.

Mente y cuerpo se encuentran ligados de tal manera que los hechos psíquicos repercuten en el cuerpo del mismo modo que los físicos en la mente no encontrando muchas veces nuestro estado emocional otra salida a los conflictos psíquicos que enfermando. Cuando determinadas emociones dolorosas son demasiado graves y la angustia se vuelve intolerable la tensión es vertida hacia afuera alojándose en el cuerpo sin haber pasado por el inconsciente.

Hace ya más de 20 siglos el poeta latino Juvenal en una de sus sátiras nos dice: «Mens sana in corpore sano». No mentía, pues son muchísimos los pacientes que después de mucho deambular de médico en médico sin encontrar solución a sus padecimientos toman la sabia y acertada decisión de visitar y de consultar con un psicólogo sanitario, bien sea por dolencias digestivas (úlcera), respiratorias (asma), cardiovasculares (cefaleas), ginecológicas (dismenorrea), osteomusculares (fibromialgia), del sistema endocrino (obesidad) o bien por disfunciones sexuales (impotencia), afecciones de la piel (psoriasis) e incluso también por ciertos tipos de cáncer. De hecho cualquier enfermedad puede tener un comienzo de orden psicológico. Son males que afectan al cuerpo pero se desencadenan en la mente, tienen su manifestación a nivel orgánico pero no hay medicina que las cure. Como paradigma de esta clase de dolencias estarían los trastornos de la conducta alimentaria como son la anorexia nerviosa y la bulimia.

La mayoría de estas enfermedades están causadas por traumas, complejos, exceso de estrés, ansiedad u otros problemas emocionales que actúan en nuestro cuerpo hasta generar un problema grave de salud. Estas dolencias no visibles son el resultado de un delicado bucle de retroalimentación entre la mente y el cuerpo, creándose una clara relación de estado mental, respuesta inmunológica alterada y enfermedad.

En estos trastornos corporales se parte de un conflicto puramente psicológico que al no ser analizado, elaborado y canalizado de forma apropiada hace surgir una dolencia psicosomática con toda su sintomatología apareciendo una lesión física susceptible de ser apreciada en el cuerpo del paciente.

En la elección de la enfermedad psicosomática, muchas veces cuando hay o se da un conflicto psicológico que se manifiesta de forma orgánica, la presencia elegida podría tener una relación simbólica con el síntoma psíquico, así el paciente que por sus inhibiciones no puede expresar sus criticas o denunciar las atrocidades y actos execrables cometidos contra él por la actitud de sus superiores indecentes e inmorales puede desarrollar entre otros síntomas una hipertensión esencial, infarto o un ataque cerebral como defensa del inconsciente.

También debemos de tener en cuenta que muchos pacientes por medio de su enfermedad pueden obtener otros beneficios indirectos como ser el centro de atención o lograr una baja laboral, de esta manera consciente o inconscientemente el enfermo puede querer seguir siéndolo pues la dolencia para él tiene muchas veces una significación inconsciente y por ello puede tratar de modo mas o menos deliberado de agravar su enfermedad y de refugiarse en ella.

El panorama de las dolencias psicosomáticas como podemos ver es de amplio espectro pero debemos tener en cuenta que estos trastornos no siempre lo son por lo que se hace inevitable que además de hacer una evaluación funcional de cada caso realicemos un diagnostico diferencial correcto para poder descartar que se trate de un proceso orgánico ya que sino además de retrasar el tratamiento corremos el riesgo de poner en peligro la propia vida del paciente.

El papel de los factores psicológicos en los desórdenes corporales plantea numerosos problemas de orden científico, social y terapéutico. Las afecciones psicosomáticas que suelen ser moneda corriente en el curso de toda neurosis y de toda cura analítica tienen a menudo su base terapéutica en modificaciones profundas en la personalidad y la conducta de la persona, requiriéndose tratamientos psicoterapéuticos eficientes, minuciosos y prolongados elegidos de acuerdo con la formulación de cada caso individual en el que la acción de las nuevas terapias psicológicas nos van a permitir prevenir, curar así como desbloquear los mecanismos psíquicos que las provocan.

En cuanto a los tratamientos psicofarmacológicos decir que además de no prevenir ni curar estos trastornos, son tremendamente incisivos y adictivos acarreando muchos y muy graves efectos secundarios a los enfermos.

Cada vez somos más los profesionales de la salud los que admitimos y valoramos la relación entre los trastornos que experimenta nuestro cuerpo y los problemas e insatisfacciones de nuestra mente ya que esta es una prolongación de nuestro cuerpo y éste de la conciencia, pues la salud empieza en la cabeza.

Quienes prestamos asistencia a estos pacientes, constatamos que el tratamiento debe estar fundamentado en un modelo de intervención biopsicosocial que tenga en cuenta tanto los aspectos físicos, sociales y los psicológicos que son la base y raíz de esta clase de dolencias y de otras acompañantes como la depresión y la angustia.

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