Diario de León
Publicado por
MARINERO DE RÍO EMILIO GANCEDO
León

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T engo un amigo músico que, cuando le preguntan por su profesión, está acostumbrado a que la gente entienda algo así como que anda metido en la droga. Le ponen cara de lástima o de pésame, del tipo: «Coño, qué dices, pero si me estabas pareciendo buen chaval». Tengo un amigo músico a quien le gusta hacer las cosas bien y cumplir con todo el mundo, incluido el Estado. Tengo un amigo que de verdad desearía rendir las cuentas pertinentes, no defraudar un solo céntimo, lo que se dice un miembro sano y activo del cuerpo social. Pero mi amigo el músico se enfrenta cada día a un dilema terrible, a una cuestión digna del más elevado drama de Shakespeare: actuar conforme a la legalidad… o vivir. Porque si descuenta de lo que le dan por concierto (poco, muy poco, miserablemente poco), las partes correspondientes de autónomos, de IRPF y de un IVA carnicero del 21%, el resultado es de propina de bar de carretera. Y eso sin olvidar que no estamos hablando del dúo Remigio y Florencio sino de músicos profesionales con sobrados talento y cuentakilómetros.

Lo segundo brota de lo primero. Sólo una sociedad que entiende la cultura como labor de pasatiempo, de vate de pueblo, y juegos florales con medallita de caja de ahorros puede producir un Gobierno como éste, refractario por completo al hecho cultural: hemos visto a Rajoy acudir a partidos de fútbol pero nunca le hemos visto pisar la RAE. Persiguen como a criminales a tipos que perciben una nadería en concepto de derechos de autor y amenazan a los creadores con retirar pensiones de auténtica pobreza (hablamos de 600 euros al mes) por el terrible crimen de seguir escribiendo una vez cumplidos los 65. Nada que objetar, en cambio, a quienes se forran a base de acciones bancarias, esos sí son auténticos patriotas y no todos los pintamonas y hacedores de sainetes, ralea de críticos y contestatarios. Y, en fin, si a ello unimos la ley de horca y cuchillo, la espada de Damocles que pende sobre los autónomos de toda raza y condición, el clamor es unánime: que se pare España que yo me bajo. ¿Por qué no acondicionar un sistema proporcional a los ingresos del trabajador por cuenta propia? ¿Cómo va a pagar una persona unas cantidades prefijadas si hay meses en que lo que percibe es el cero absoluto? ¿Creen que este sistema actúa contra el fraude y la economía sumergida o más bien lo fomenta? Quizá esta reflexión de la escritora Luisa Etxenike ilustre un poco a esas ovejas modorras de nuestros gobernantes. Aunque lo dudo: «La cultura no es una actividad del tiempo libre, es lo que nos hace libres todo el tiempo».

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