Publicado por
panorama Antonio Casado
León

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L a foto del celebradísimo encuentro que Pedro Sánchez y Pablo Manuel Iglesias se marcaron el miércoles por la carrera de San Jerónimo más publicada en los medios escritos aportaba un cierto aire épico al acontecimiento. Como si la historia estuviera a punto de dar un volantazo. No era para tanto. En realidad no era para casi nada, a poco que profundicemos en lo que un estudiante de filosofía llamaría el hecho en sí y su circunstancia. El tratamiento informativo del encuentro de Pedro y Pablo va a acabar siendo más relevante que el incierto alcance político de dicho encuentro. Nos invita a reflexionar sobre el papel del periodismo. En este caso, sobre lo que nunca puede ser ese papel. O sea, jamás un colaborador necesario de los montajes teatrales de la clase política. Hacerlo a sabiendas es aún más preocupante, pues cualquiera pudo darse cuenta de que la dichosa foto aportaba ingredientes de grandeza, solemnidad, trascendencia y esplendor sin venir a cuento.

Nada de eso había en los tanteos preliminares de un más que incierto proceso negociador en nombre de la gobernabilidad de España. Lo que si se despachaba a manos llenas era lo que ahora llamamos «postureo» y estudiadas sonrisas para la Prensa. Que Pedro y Pablo quieran hacer teatro, bueno, están en su derecho, allá ellos. Pero que los medios participemos en la escenificación me parece fuera de lugar.

Si lo que les une de saque es el baloncesto y la aversión a Rajoy, estamos apañados. Lo demás fue intercambio de elogios al buen talante del otro. Como si detrás de las manos tendidas no estuvieran las lenguas afiladas. Como si detrás de la estudiadísima gestualidad hubiera algo nuevo en el difícil por no decir imposible camino hacia la formación de un Gobierno que no pase por repetir las elecciones. Por mí que no quede, viene a decir ahora un Pablo Manuel inesperadamente manso tras el ruido de muebles dentro de su partido y la caída del mismo en las expectativas electorales. Y según su interlocutor, el líder socialista Pedro Sánchez, ese «cambio de actitud» nos acerca más a un «gobierno del cambio» que a la repetición de elecciones.Me parece muy aventurado decir eso sin haber visto la cara del ex ministro y negociador socialista, Jordi Sevilla, ante el volumen de gasto propuesto por Podemos, por ejemplo, o sin esperar a que Iglesias exija dejar en la cuneta a Ciudadanos, socio preferente y estratégica coartada centrista de Sánchez, si este todavía quiere ser presidente del Gobierno.

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