Diario de León
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EL CORRO PEDRO VICENTE
León

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E l pasado uno de octubre el alcalde de León recibía la visita de su homólogo de Valladolid, y el hecho despertaba una expectación propia casi de un acontecimiento histórico. Lo normal es que los ediles de dos ciudades vecinas mantuvieran una relación institucional fluida y permanente, ello sin perjuicio de las naturales diferencias de cada una en defensa de sus respectivas y legítimas aspiraciones. Lo anómalo es que, en lugar de cooperar en defensa de los intereses que les son comunes, León y Valladolid hayan vivido de espaldas, o, peor aún, enfrentadas por una rivalidad provinciana absolutamente estéril y contraproducente. Esa política de campanario es la que explica que, décadas después de su puesta en marcha, la vertebración social y territorial de la comunidad de Castilla y León siga siendo una asignatura pendiente. Si desde las propias instituciones se fomenta la demagogia de la rencilla y el agravio, en lugar de la cultura del diálogo y la colaboración, difícilmente puede superarse esa asignatura.

El paso dado por Antonio Silván y Óscar Puente —alcaldes además de distinto color político— no se ha reducido a un mero gesto, sino que ha roto la aldeana barrera que obstaculizaba una dinámica en común. Y la visión en positivo compartida por ambas ciudades se ha transmitido ya a las respectivas Diputaciones provinciales, que igualmente se han puesto manos a la obra para abrir vías de cooperación y generar sinergias.

Sin renunciar a otra cosa que un trasnochado chauvinismo, León y Valladolid, Valladolid y León, de igual a igual, han descubierto que pueden y deben entenderse. Incluso cabría decir que están condenadas a ello. Estoy convencido de que la autopista A-60 llevaría años concluida si desde el Pisuerga y el Bernesga se hubiera reivindicado con la misma fuerza que la llegada del AVE, que, dicho sea de paso, se ha constituido en un gran aliado con ese horizonte común en el que se han puesto ahora a trabajar las instituciones.

Coincide que las Cortes de Castilla y León han decidido celebrar en la Colegiata de San Isidoro su primera sesión plenaria de mayo, dedicada al informe anual del Procurador del Común, institución que cumple su vigésimo aniversario. Al tiempo se rendirá homenaje al reconocimiento de los Decreta de León de 1.888 como cuna del parlamentarismo declarada por la Unesco. Una iniciativa del actual Parlamento autonómico planteada en un contexto por fortuna muy alejado de la hostilidad política que rodeó en elaño 1988 la Conmemoración del VIII Centenario de aquellas históricas Cortes de San Isidoro. Algo está cambiando y la noticia es que no es para mal.

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