Enseñar deleitando
D ecía D’Ors que en Madrid si no das una conferencia te la dan. En León, también las damos y nos las dan. Nuestro paisano Santiago Trancón impartió el pasado jueves una excelente, organizada por el Ayuntamiento de León, en la que expuso sus teorías sobre Cervantes y El Quijote, y de las impregnaciones de lo leonés y de lo judío que hay en la vida y en la obra, túnel que puede ser iluminado en algunos tramos oscuros. No cree que el «en un lugar de la Mancha» sea ubicable en la hermosa comunidad autónoma, donde los quesos saben de fábula, sino que hace referencia a «lo manchado» por las raíces judías. Carezco de conocimientos fundados para pronunciarme, sí puedo decir que don Santiago es hombre de cabeza bien amueblada y que merece ser escuchado. Por supuesto, el suyo no es un caso de barrer para casa. No habla desde el leonesismo, según explicó, le basta con ser leonés. Lo suyo es el estudio. Estuvo bien presentado por Margarita Torres. La historiadora y concejala, sin necesidad de respaldar allí mismo abiertamente las tesis de su invitado, pues no era el momento para hacerlo, supo transmitir de forma elegante y sutil su respeto intelectual hacia las mismas. Y elogió también la valentía de este filólogo, quien desde hace años critica en Cataluña las arbitrariedades del nacionalismo. Fue, pues, un acto cultural de gran altura, con el que quedó de nuevo demostrado que, como dijo Chesterton, divertido es lo contrario de aburrido, no de serio. Tuvo lleno, tal José Tomás, y logró entretener sin que para ello tuviéramos que dejar las neuronas en la puerta.
La búsqueda de la verdad siempre ha sido tarea quijotesca. Y entre los cervantistas se tiran con piedras de hierro. Claro que los lopistas tampoco son mancos de Lepanto. «Pues ni les cuento los medievalistas», dirá Torres. El Ayuntamiento cumplió así con su reto de dinamizador de ideas. Una conferencia no ha de ser un suplicio, sino invitación a conocer más sobre la materia tratada. Trancón lo logró con creces. Lean su libro.
Me encantó saludarle, pues no nos conocíamos en persona. Eso sí, como dos chavales, somos amigos en Facebook. Mientras, Cervantes y Shakespeare pasean por el cielo, a la vez que charlan de sus centenarios.