Diario de León
Publicado por
al trasluz eduardo aguirre
León

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Siempre me ha gustado escribir columnas en las que salgan animales salvajes, no todo va a ser política. Entiendo que esto se presta a la sorna del lector, pero asumo el riesgo. Me gusta que salgan bestias irracionales, pero sin necesidad de meterlas con calzador. Por ejemplo, como cuando en mis inicios profesionales viví la fuga del Coto Escolar del mono Roberto, hasta que fue localizado en un pueblo de los alrededores, tal adolescente juerguista. Con temas así da gusto darle a la prosa, pero se dan muy pocas veces, quizá de siglo en siglo. ¡Ah, qué gran columna podría escribir si cobrasen vida los leones de piedra que esculpió Víctor de los Ríos! O el topo de la Catedral. Mi ya larga treintena de años como columnista quedarían justificados ante «la más alta ocasión que vieron los siglos», que diría Cervantes. En efecto, me gusta que salgan, pero no al tuntún. Ha de justificarlo el guión, como pedían las señoritas del destape. Pues bien, hoy viene a cuento la inclusión de fieras peligrosas: osos. Leo en este periódico que a unos kilometrines de la capital, plantígrados han arrasado panales; concretamente, entre Naredo de Fenar y Matueca. Vamos, ahí al lado, no hay que irse a la isla de «Supervivientes». Sales a pasear por la zona, para relajarte y, ay, te topas con ellos. Como tengo reciente la película «El renacido», en la que los zarpazos de uno dejan a Di Caprio hecho un puzzle, en vez de esperarme a ver qué se le ofrece al animalín, me pondría en dos zancadas en Ordoño; bueno, pongamos que en tres, tampoco seamos presuntuosos, nunca mejor expresado.

Susto grande y taquicárdico ha de ser toparse con tales criaturas, tan cerca de la jungla del asfalto. Y debajo de la noticia en cuestión leo, así como para dar ánimos: «El cementerio adapta el horario de verano». Me dije: «Vale, ya bajaré otro día el colesterol malo». Nuestros osos recorren cada vez más kilómetros para alimentarse; otros que tendrán que aprender alemán.

Pero si de incluir animalines en la columna se trataba, también podía haberles escrito acerca del ataque vandálico en nuestra capital contra la oficina de Podemos, por bestias pardas aún por identificar. Al menos los osos asaltan colmenas, no sedes.

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