Diario de León
Publicado por
ISidro García Getino PSICOPEDAGOGO
León

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T engo muchas dudas: ¿Me río, lloro, me indigno, me declaro en rebeldía, me exilio,…? Hay muy pocas alternativas más.

La comedia bufa, sainete cantarranas o burla al respetable (mejor las tres cosas juntas porque no falta ninguna) a que nos llevan sometiendo durante cuatro meses esa «troupe» de mequetrefes que se citan como cabezas (de chorlito) de partidos políticos, aterraría a cualquier demócrata digno de tal nombre. Nosotros, los estoicos españoles soportamos a base de pandereta, castañuelas y tertulias de tasca.

Cuatro meses oyendo la misma chirigota: Yo y mi mantra. Tú y tus líneas de colores. Él y sus contagios. Nosotros y nuestros sillones. Vosotros y vuestros «botantes». Ellos y sus mentiras. Respetable España, Vd. aquí ni pincha ni corta. Todo se reduce a pronombres personales. Ni España ni sus gentes, ni su presente ni mucho menos su futuro, importan un bledo.

«Barrigas bien llenas, poltronas al viento, el alma no existe, me importa vencer». ¿Les suena la música? Pero cambia mucho la letra; somos de progreso y no carcas como aquellos. Bueno, esto último es solo para viejos… pero los «nuevos jóvenes poltroneros» repiten los mantras sin despeinarse y se pasean por el (prado) Congreso y matan (el tiempo) con «el ramo» (aquí suena el esquilón). Lo mismo, pero peor letra y música.

¿Hemos cambiado? —Sí, para mucho peor, ahora son demócratas, y además progresistas; doble… ¿Habéis observado que el país funciona mejor sin ellos, sin los personales pronombres? Es claro el error: n en el lugar de la h. Es lo que hay: yo, tú, él, nos, vos, ellos. Cada cual ha instalado su ego, la sombra de su «pronombre» con la que ocultan la misión que, supuestamente, tiene un político pro-hombre. Patrañas por todos los rincones de los medios, de las televisiones y de su propia hombría. Sin duda Woody Allen está aquí en toda su verdad: «La cualidad de estos políticos consiste en convertir las soluciones en problemas».

Y es que se han alejado (si alguna vez estuvieron cerca ¿…?) de lo justo, del respeto a las personas y a la vida (si alguna vez la respetaron). Ejercen autoridad que se queda en mera codicia y destruyen a los demás en su afán de poder. Lo decía así, o parecido, el papa hace pocos días: «El poder sin servicio se transforma en arrogancia y opresión». Es lo que tenemos.

Servicio y colaboración quiere decir que tu conciencia (si es que la tienes) está por encima de las circunstancias, lo ve todo, y ve que el otro también es importante. El político (que lo es, no el que ejerce de) viaja de competir a colaborar; de lo contrario vive en otro mundo (en su mundo), en otro tiempo, en otra dimensión que no es la del pueblo, vive en la inopia y en la utopía, no en España. «Es mucho más fácil dividir y destruir que pacificar y construir», decía muy sabiamente Mandela. Nuestros seudo-políticos se van a lo fácil; no puede ser de otra manera dada su calaña; vienen a dividir, a destruir España por todos los medios —menos mal que son tan limitados ellos, tan pasguatos e ignorantes que apenas saben medios—; pero el daño que están haciendo es enorme.

Espero, deseo, confío, ruego e imploro a los partidos que tengan la sensatez y la visión política de poner al frente de su formación a otros candidatos, por supuesto mejores: y si no los tienen, no comparezcan; por decencia, por dignidad, por respeto a los españoles y a la democracia. Sé perfectamente que en nuestra falacia democrática el pueblo no pintamos nada. ¡Como para pedir lo anterior! En nuestra partitocracia personalista y autocrática en algunos casos, es difícil encontrar nuevos cabezas de lista (hablar de líderes es una ofensa al término mismo). Yo por supuesto que no, pero creo que hay muy pocos españoles que se sientan representados en un parlamento en el que la inmensa mayoría no pintan nada más que ser número a la hora de votar, sin criterio y sólo a la orden de lo que les digan, ¡Lamentable! Debería haber solamente dos representantes por partido para parlamentar, nunca habría acuerdo, como ahora, pero nos costaría mucho menos y harían lo mismo que se está haciendo.

A la vista de lo visto — ¡Y mira que hemos visto cosas en estos cuatro meses!— no seamos fanáticos de partidismo y votemos por nuestra salvación como españoles, por la salvación de nuestra gente, de nuestra nación, de nuestros jóvenes y niños, es decir, del futuro de España. Tiene que haber algún español, político o no, que pueda representar eso —por descontado que de los ya vistos ¡ni uno!, y de sus corifeos lo mismo—. Renovación política; el progresismo y el snobismo se han autodescartado, el inmovilismo es mortal; algo distinto, sangre nueva, ilusión virgen, política auténtica y no prostituida como la ya muy vista durante cuatro meses. Tiene que haber, tiene que estar, tiene que salir; España no es tan estéril en liderazgo, en honradez, en limpieza y generosidad. Nos jugamos mucho, nos jugamos ser España o dejar de serlo, nos jugamos balcanizarnos o integrar el país, nos jugamos subsistir o pasar a mendigar, nos jugamos la dignidad o la esclavitud financiera, nos jugamos ser marionetas o dejar un país libre a nuestros hijos. Dejarles una democracia y no un fangal de odios, rencillas, violencias, desprecios y fanatismos que es lo que hoy cultivan los partidos y sus voceros. ¿Arderemos como en el 36?, es una de sus consignas…

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