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fuera de juego carlos frá
León

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E l ‘souflé’ se nos ha venido abajo. Como tantas burbujas que se han ido pinchando. Y de nuevo pasan muchos desnortados que, como predijo Nietzsche, corren buscando con sus linternas por las plazas que se han quedado vacías... Ahora, lo importante, es que todo el mundo mire hacia el dedo y olvide los triunfos soñados. Se abren con celeridad guerras fratricidas al grito de ‘fue Casillas’ o con un ‘vamos a estirpar las malas hierbas’, porque los laureles se han marchitado antes de conquistarlos. Éxitos pasados animaban la ilusión de que no había vuelta atrás en la marcha triunfante, porque como dice la sabiduría popular los tropiezos —que los hubo y evidentes— siempre quedan huérfanos.

Qué bien se estaba camino de La Moncloa o de Francia para la nueva conquista europea. Con decir aquí y allá lo que todos esperaban, el camino se hacía cada vez más nítido entre tanta rosa. Hasta que llegó la espina y entonces se desataron todos los truenos, y aquella patita de cabritillo que asomaba bajo la puerta exhibió sus fauces y comenzó la caza de brujas. Lo importante es evitar que el debate se centre en las responsabilidades de esos líderes tan bien amoldados a lo que todos queríamos escuchar.

Toca recomponer filas pero las tropas vagan sin saber a dónde dirigirse porque tanta ilusión desvanecida complica el poner de nuevo los pies en el suelo.

El afán por no tocar nada e intentar recauchutar las cosas para superar las crisis ha llevado a las huestes de Pedro Sánchez a esa escalera de caracol que cada día recuerda más las que crean en las películas fantasiosas con una enorme sima en la que no se percibe el fondo. Y resulta que el ‘pinchazo’ podemita se debió a las grietas internas... dónde se habrá oído eso antes entre casta y tanta caspa.

Es curioso ver tan orondos a los que sacan pecho, porque todos tenían claro que el 26-J llegaba la resurrección. No se entiende el por qué empleaban tantas horas afilando cuchillos para ese juego de las sillas en el que en cada vuelta desaparece una. Ni tanto celo entre quienes pululan de abrazo en abrazo... en el horizonte se ven ahora más sillones y no precisamente de Ikea.

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