El bolero de Ravel
M ientras se despeja el nuevo sudoku de la política nacional, las Cortes de Castilla y León han habilitado el mes de julio para quitarse de encima cuanto antes la comisión parlamentaria de investigación creada supuestamente para esclarecer los sobrecostes del controvertido Hospital de Burgos. Como suele ocurrir cuando se crea un comisión de esta naturaleza en un Parlamento sometido a una mayoría absoluta —que en la práctica es el caso— las conclusiones están escritas de antemano.
Como si se tratara del bolero de Ravel, la legión de altos y ex altos cargos de la Junta han negado machaconamente la mayor. Según la Junta, no hubo sobrecoste de ningún tipo. Que el precio inicial de 242 millones en que fue adjudicado el Hospital se disparara a 538 es la simple consecuencia de una serie de mejoras introducidas sobre la marcha. Nada de particular por lo visto que el volumen de dichas mejoras introducidas haya sido de tal magnitud que el canon anual inicialmente previsto de 38 millones se haya elevado en 2015 a 91. Será por dinero…
Si acaso el único que ha desafinado algo fue el exconsejero Álvarez Guisasola, quién reconoció que todo el equipamiento del centro (más de la cuarta parte del coste final) fue adquirido directamente y sin ningún tipo de concurso por la empresa adjudicataria, que se limitó después a cargar la correspondiente factura a la Consejería. Da lo mismo. El recorrido de dicha comisión se da por amortizado; otra cosa es la de la trama eólica, bloqueada por el PP desde el pasado mes de febrero.
A lo que está en estos momentos Juan Vicente Herrera es a lo que ocurra con el gobierno de la nación, que, más pronto que tarde, volverá a presidir Mariano Rajoy. Y no sólo porque la Junta, al igual que las demás comunidades autónomas, necesita un interlocutor con el que poder negociar las grandes cuestiones pendientes, entre ellas el nuevo modelo de financiación autonómica. También porque, en el plano interno del partido, la continuidad de Rajoy en La Moncloa conllevará su reelección como presidente del PP en el próximo congreso nacional.
La gran novedad de ese congreso sería la sustitución de Cospedal —a la que se sitúa ya al frente de un ministerio— por alguno de los vicesecretarios de la última hornada, entre los que el de Organización, el zamorano Fernando Martínez Maillo, aparece como máximo candidato. Esa nueva estructura orgánica que se haga cargo del partido será a su vez la encargada de convocar los posteriores congresos autonómicos del PP, entre los cuales el de Castilla y León será trascendental, ya que en ese cónclave comenzará a desvelarse el cansino enigma de la sucesión de Herrera. La investidura de Rajoy será el pistoletazo de salida de una amplia renovación territorial en el seno del PP.