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PANORAMA Fernando Jáuregui
León

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P edro Sánchez y Mariano Rajoy lograron mantener una reunión de casi una hora sin que el uno averiguase si el otro piensa someterse a una sesión de investidura y sin que el otro pudiese saber si el uno planea, si la investidura «de las derechas» no sale, presentar un Gobierno alternativo «de las izquierdas». Rajoy ofreció, por lo visto, a Sánchez la creación de cuatro grupos de trabajo para emprender las reformas que España necesita: «Estoy dispuesto a negociar lo que haga falta», dijo el presidente en funciones, que se mostró receptivo a recibir sugerencias del secretario general socialista. Pero Sánchez se mantuvo firme en su no a cualquier pacto, y en que ha de ser Rajoy quien llegue a acuerdos «con los afines de la derecha». O sea, Sánchez trata de llevar a Rajoy a una investidura en la que sea derrotado... ¿Para intentarlo él a su vez con Podemos y esas mismas fuerzas nacionalistas, incluso aunque sean ‘de derechas’? Ni lo confirmó ni lo desmintió, como Rajoy tampoco dijo sí o no a la tesis según la cual, tras aceptar la sugerencia del Rey de ir a la investidura, tiene que someterse, para bien o para mal, a este trámite según lo previsto en el artículo 99.2 de la Constitución. Hacer otra cosa, dicen incluso algunos de sus próximos, sería su suicidio político.

Aunque hablando de suicidios políticos... Una periodista preguntó a Sánchez si, a la vista de la gravedad y la polémica que esta cuestión suscita en el seno de la familia socialista, no consideraría el secretario general prioritario consultar a la militancia, como ya hizo previamente, a finales de febrero, a la firma del acuerdo entre PSOE y Ciudadanos. La respuesta a la pregunta de la colega fue una evasiva: ya veremos qué ocurre cuando sepamos si Rajoy se somete, y cuándo, a la investidura. No parece dispuesto Sánchez a ensayar tampoco esta salida de la consulta a los militantes de su partido. Como tampoco parece Rajoy dispuesto a ceder hasta el punto de aceptar ser sustituido a la cabeza del PP y de la candidatura a la presidencia. Uno no ha querido nunca ser mal pensado acerca de las intenciones de los políticos; pero, a la vista de lo que estamos viviendo, parece claro que ambos, incapaces de entenderse y de ceder sus propios sillones, nos conducen a esas terceras elecciones que nos parecían, y yo aun quisiera que me pareciesen, increíbles. Y puede que a al menos uno de ellos esas terceras elecciones, que todos dicen no desear, le hiciesen mejorar sus actuales resultados, en detrimento del otro.

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