Vuelos rasantes
P ara negociar «todo el tiempo que haga falta», que es lo que le ha ofrecido Mariano Rajoy a Pedro Sánchez, hay que contar con el permiso de los calendarios. A los almanaques les pasa lo mismo que a nosotros: que tienen los días contados. Los dos líderes —el que está muy visto y el que está por ver— se han reunido una vez más para hablar de las cosas en las que coinciden. Desgraciadamente no han encontrado ninguna. Ambos cuentan con el rechazo del otro y el presidente de Ciudadanos, que no estuvo en la amena reunión, acabó criticando a ambos. «Ninguno de los dos ha estado a la altura de las circunstancias». ¿Igualaremos los españolas esas cotas si nos hacen votar otra vez? Y, sobre todo, ¿cuál es la altura de las circunstancias? Hay rachas históricas, de esas que luego llaman ciclos, en las que los políticos parecen todavía más brutos de lo que son y entonces llega el bloqueo institucional y se habla de una crisis con precedentes, ya que nos recuerda a las anteriores.
Es curioso que todos quieran evitar unas terceras elecciones, al mismo tiempo que las están propiciando. ¿Vendrán por su mano o por mano del demonio? Ahora ese ángel malo está otra vez de moda, por culpa del malaje de Donald Trump, que ha vuelto a acusar a Hillary Clinton de ser el diablo en persona, que planea usar sus poderes luciféricos para dar un pucherazo en las presidenciales. Barack Obama, que ha envejecido unos veinte años en lo que lleva de mandato, dice que el terrible Donald Trump, candidato republicano ahora repudiado inclusi en las filas de su propio partido, no está capacitado para la presidencia de Estados Unidos. ¿Hay alguien que realmente lo esté? En este vasto y poderoso país, armado hasta las dentaduras postizas, siempre hay alguien que mata por su gusto o por darle gusto al gatillo. Todo son facilidades. Los estudiantes de Texas podrán ir armados a la universidad de aquí en adelante. No pasa nada, a la vists de sus mentalidades. Entra dentro de la normalidad. Lo hacen por lo que pueda pasar en las aulas o en los campus y para conmemorar, que no celebrar, el 50 aniversario de la matanza de Austin. Cuando un marine se volvió loco.