El metafísico de la Cepeda
A yer se cumplió el centenario del metafísico de Magaz Ángel González Álvarez (1916-1991), sucesor en la cátedra de Ortega y Gasset. Hasta llegar ahí, hizo la travesía común a tantos niños de pueblo. Bachillerato en Ponferrada y Magisterio en León, en época republicana. Ya después de la guerra, los comunes en la universidad de Valladolid y la especialidad en Madrid, donde obtuvo premio extraordinario de licenciatura y doctorado. Su tesis versó sobre «El tema de Dios en la filosofía existencial», dirigida por el falangista alcarreño Yela Utrilla. Con la licenciatura, ingresó en el cuerpo de catedráticos de Enseñanza Media y estuvo destinado en La Coruña y en el Ramiro de Maeztu de Madrid.
En 1944, empieza su labor docente en la universidad, como ayudante de Lógica, cuyo catedrático Julián Besteiro había terminado sus días cuatro años antes en la cárcel de Carmona. El páramo intelectual de la posguerra dispersó al exilio a los más valiosos representantes de la Escuela de Madrid surgida en torno a Ortega o inhabilitó a quienes permanecieron en el interior, como Julián Marías, que en 1942 vio suspendida su tesis doctoral dirigida por Zubiri. Precisamente, Zubiri, catedrático desde 1926 en Madrid, se secularizó para casarse con la hija de Américo Castro y en 1939 fue desplazado a la universidad de Barcelona, por el veto del obispo Eijo Garay. Sin el hachazo bélico, los discípulos más brillantes de Ortega y candidatos a su sucesión eran José Gaos y María Zambrano. Precisamente, Gaos fue catedrático en León entre 1928 y 1930, donde dio el relevo a Hipólito Romero Flores, tutor y proveedor de lecturas filosóficas al inquieto ecónomo de Antimio y coadjutor de las Ventas Antonio González de Lama. Una cadena de asistencias y tutelaje que iba a prolongar Lama, en el erial de posguerra y desde la bilioteca Azcárate, con jóvenes de orientación tan contrapuesta como Eloy Terrón y González Álvarez.
Entre 1962 y 1967, fue director general de Enseñanza Media, un período en el que sembró de institutos la provincia de León. Como director general, administró los fondos del Patronato de Igualdad de Oportunidades (PIO), cuya gestión de becas en León originó el excedente destinado a la construcción del Colegio Menor Jesús Divino Obrero, residencia de becarios entre 1963 y 1980 y de curas a partir de 1981. El manejo de las cuentas del PIO en León fue arbitrio en esa época del chantre catedralicio Luis López Santos, director del Instituto. En la confianza de una sobremesa, el tutor de los primeros pasos menesterosos del metafísico reclamó a su discípulo un instituto nuevo. Este otoño se cumple medio siglo de aquel derribo que privó a León del orgullo de un instituto histórico que ennoblecía el centro de la ciudad.