Diario de León
Publicado por
aquí y ahora Manuel Alcántara
León

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E n invierno se ve con más frecuencia a la gente que se desea ver, ya que en verano hay que estar todo el tiempo con la que quiere vernos a nosotros.

Muy consciente de esa servidumbre del calendario, Mariano Rajoy se someterá el próximo día 30 de este dilatable y terrible agosto a una investidura, no menos terrorífica y prolongada.

La ha pactado con Albert Rivera, tras aceptar todas su condiciones, más algunas que no las había impuesto. La Constitución Española de 1978 establece que si no se logra la mayoría, los nuevos comicios tendrían que celebrarse el próximo 25 de diciembre.

No me digan que la cosa no tiene gracia, aunque maldita la que les haga a los que están conmemorando la Navidad y por unos días se creen hermanos y se desean cosas buenas cuando se encuentran en el ascensor con ese vecino antipático, que ojalá viviese en otro edificio.

Las cosas son como son, pero las casas debieran estar hechas a nuestro gusto. Todas por lo menos con un habitación más.

Si no hay presidente en septiembre tendremos elecciones cuando vuelva el turrón, que si nos gustara tanto lo comeríamos todo el año, como las gambas y las cigalas.

Somos animales de costumbres, pero sobre todo somos animales que cuando nos acostumbramos a vivir, como he hecho yo al cabo de los años, tenemos que despedirnos. No me acuerdo en qué novela de Balzac sale un personaje agobiado por la idea del suicidio, que detiene ese impulso porque se acuerda del café donde va todos los días a jugar una partida de dominó. El que no se quiere acostumbrar a la idea de no ser presidente del Gobierno es Rajoy. Depende de nosotros. Quiero de decir de vosotros.

Si hay elecciones el mismo día de los mantecados, muchos compatriotas pueden hacerse un lío con las papeletas y los dulces más empalagosos.

Ambas cosas se presentan muy bien envueltas, pero conviene fijarse en lo que tienen dentro. A veces lo que mata, engorda.

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