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AL DÍA Victoria Lafora
León

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C omo era evidente, la Justicia ha impedido al dirigente de EH-Bildu, Arnaldo Otegi, encabezar la lista de la coalición abertzale por Guipuzkoa. Pese a que sus abogados ya han anunciado la presentación de cuanto recurso sea necesario hasta llegar al Constitucional, parece complicado que el alto tribunal desestime una sentencia judicial ratificada por el Tribunal Supremo. Ya se recurrió su petición de excarcelación, con el alegato de haber cumplido las tres cuartas partes de su condena, y se desestimó su recurso de amparo en julio de 2014.

Por lo que Bildu deberá buscar otro candidato que, sin la menor duda, se convertirá en un hombre de paja, dado que su campaña se basará en la figura de un Otegui convertido en «mártir» por la Justicia española. Escenario este que menos deseaba el gobierno Vasco y su lehendakari Urkullu, y con razón, viendo la reacción «interesada» del líder de Podemos y de otros partidos independentistas como ERC y la antigua Convergencia de Artur Mas. Los enfrentamientos con los tribunales de «Madrid» han dado siempre muy buenos resultados electorales a las distintas siglas secesionistas.

La estrategia de presentar a Otegi como cabeza de lista estaba perfectamente calculada. Era el alma electoral idónea para restar votos a la candidatura de Podemos que les había superado ampliamente en intención de voto. Prueba de ello es la primera reacción de la formación abertzale declarando que solo los vascos deciden quiénes son sus candidatos.

Por otro lado, los conflictos internos entre las Mareas y Podemos, escenificados con mayor crudeza en las listas gallegas, así como las propias peleas internas de la formación morada, pueden hacer que mucho voto joven vuelva a las listas de Bildu. Ya se sabe que las guerras intestinas suelen tener un alto coste electoral. Urkullu no quería un «mártir» en campaña y apoyó sin ambages el derecho de Otegui a presentarse. Temía que, pese a su buena gestión económica, como en el resto del Estado, el voto de los menores de treinta años fuese una papeleta de castigo. Y eso que la sociedad vasca es la menos maltratada en el recorte de derechos sociales y sus tasas de paro están entre las más bajas del Estado.

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