Ni arre, ni só
G uardo en mi memoria infantil, alcarreña y labradora, una expresión que describe, ni hecha aposta, la actual situación política. Se empleaba para describir ese momento en que un cuadrúpedo, mayormente de las estirpe mular o asnal, decidía, vaya usted a saber por qué, que no daba un paso. Ni para adelante ni para atrás. Se clavaba al suelo y de ahí no había quien lo moviera, ni con palo ni con zanahoria. Ni arre ni só.
Don ‘no’ lleva así y así tiene a España desde que pierde elecciones, o sea, desde que se presenta. Nosotros vamos a las urnas y él se niega a aceptar que ha perdido aunque cada vez pierda por más. O se le da a él la cuadra, o sea la Moncloa, o no se menea. Y no hay quien lo mueva ni lo apee de su NO. En esas sigue y en esas asegura que se mantendrá sin que le importe nada más.
¿Qué pretende o qué espera? ¿Por qué camino se decidirá a echar a andar? Su tozudo bloqueo tan solo puede llevarnos a dos lugares. El primero esa insensatez letal de pretender, con su exiguo número de votos y diputados, encabezar un gobierno con la amalgama podemita, que da síntomas de descomposición, y donde el extremismo se da achuchones con el separatismoSeré optimista, pero con duda y temor. Creo que el socialismo no le consentiría semejante barbaridad. Pero miedo me da.
La segunda derivada es igualmente nociva. Obligarnos a unas terceras elecciones. Una irresponsabilidad sin duda, algo penoso y un fracaso y una vergüenza total. ¿Con qué resultados además? Quizás piense que le puede favorecer.
En el País Vasco también se echan cuentas. La buena es que al PNV le haga falta el PSE, y solo él, para poder gobernar. La contrapartida sería obvia. Pero ¿y si no? ¿Y si hace falta también el PP para lograr una mayoria parlamentaria. O si el pacto del PNV mirar hacia Podemos y Bildu?
Ese es el barrunto, eso es lo que don ‘no’ aguarda. El futuro de España donde va a jugarse va a ser el 25 de septiembre en Galicia y en Euskadi.