Diario de León
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La experiencia vivida al acoger a Joel Jiménez

E l 4 de agosto se publicó un reportaje en el Diario en el que se contaba la historia de Joel, un joven que estuvo tutelado por la Junta desde los diez años. Entre los 14 y los 18 vivió en una familia de acogida y posteriormente fue a un piso de emancipación tutelado por educadores que continuaron orientándolo y enseñándole lo necesario para iniciar una vida independiente. En dicho reportaje no se ha tenido en cuenta a la familia que acogió a Joel en su casa. Esa familia somos nosotros. Sentimos que a nadie le ha interesado nuestra opinión, nadie nos ha preguntado por las dificultades y la poca ayuda recibida por parte de la Junta durante estos años que vivió con nosotros, nadie se ha interesado por saber lo duro y complicado que resulta la llegada de un adolescente con las características de Joel o de cualquier otro que haya sido arrancado de su familia biológica y separado de sus hermanos, y nadie ha tenido en cuenta que estas circunstancias dejan un poso muy amargo en estos niños o jóvenes.

Queremos dejar claro que nosotros hicimos las cosas con nuestra mejor intención, lo mejor que supimos y pudimos, y preocupándonos en todo momento por el futuro de Joel.

Quizás no estábamos preparados para tan difícil tarea, seguro que hemos hecho cosas mal, pero al leer este reportaje, nos hemos sentido juzgados de forma injusta y en su relato, dan por hecho que los logros de Joel son sólo el resultado del programa en el que se le incluyó tras terminar el acogimiento familiar. Sin embargo, pensamos que todas las partes implicadas en el proceso de protección de Joel han intentado conseguir un futuro mejor para él. Por eso queremos contar la historia del acogimiento de Joel que es también la nuestra, queriendo dejar claro que aunque haya sido una historia dura ha resultado beneficiosa puesto que todos hemos aprendido. Mientras vivió con nosotros se le trató como a un miembro más de nuestra familia, con todas las implicaciones que esto supone.

Cuando acogimos a Joel venía de Cistierna a pasar el verano en nuestra casa, con una asignatura aprobada y todo lo demás suspenso; estaba en 2º de la ESO. Nuestra familia nos ha inculcado la importancia de los estudios para labrarse un futuro, y al igual que hemos hecho con nuestro hijo biológico, tratamos de que Joel aprovechara el verano y no sólo dejara pasar el tiempo. Mi madre es maestra y se ofreció para ayudarle. Todo supuso un gran esfuerzo tanto para él como para nosotros y al acabar el verano, aunque no aprobó nada creo recordar, se había empezado a familiarizar con una mesa de estudio, con que en las familias hay que tener normas para convivir y con otras nociones básicas de comportamiento que hubiera debido aprender en la infancia y tuvo que empezar a aprender con 14 años. Todo lo que contamos aquí fue tremendamente difícil. Cuando terminó el verano nos dijeron que Joel no podía volver con las monjitas porque tenían muchos niños y no se podían hacer cargo de él; así que nos propusieron que le acogiéramos todo el tiempo. Sentíamos que no podíamos hacernos cargo de la mejor forma posible y propusimos a la Junta llevarlo interno a un colegio privado, al que había ido nuestro hijo tres años antes. La Junta aceptó y Joel estuvo en el colegio de lunes a viernes y el resto del tiempo en nuestra casa, que era la suya. Consiguió sacarse la ESO. con mucho esfuerzo por su parte y también con mucho trabajo, paciencia y aguante por parte de sus profesores del colegio y de nuestra familia. Regresó a casa durante todo el tiempo, para continuar sus estudios con un módulo de FP. Esta nueva etapa fue muy difícil por todas las implicaciones que conllevaba y no pudimos sobrellevar esa carga. Al final, por muchas circunstancias, nuestra familia acabó rompiéndose y también hemos necesitado fuerzas para recomponernos de tanto desgaste.

Cuando se rompió el acogimiento familiar y Joel tenía que ir a un piso de emancipación como nos habían explicado los técnicos del Junta, resultó que no había sitio para él y la Junta le propuso que buscara por su cuenta un piso para compartir con otras personas. En otras palabras, se desentendió de sus responsabilidades, como cuando no gestionó la pensión de orfandad ni para él ni para sus hermanos y acabaron perdiéndola. Nosotros no íbamos a desentendernos de Joel porque considerábamos que no estaba preparado para vivir por su cuenta, sin ninguna tutela como pretendía la Junta y por este motivo, acudimos al Procurador del Común, para que apareciera un piso de emancipación para él y es así como llegó Joel al programa Emancipa, que se encontró mucho trabajo hecho y a partir de ahí le formaron para vivir independiente y encontrar un trabajo en la hostelería que es donde trabaja en la actualidad.

Nuestra experiencia con el acogimiento familiar ha sido muy dura y no sabemos si recomendarla. No nos hemos sentido apoyados. Los profesores del internado de la Nora del Río tuvieron una paciencia y un aguante con él dignos de elogio. Joel como se cuenta en el reportaje tuvo que encargarse desde muy pequeño de cuidar de sus hermanos y de sobrevivir muchas veces en la calle e incluso trabajar como un adulto antes de serlo, sin embargo nadie le había enseñado las cosas más básicas.

A los que estuvimos a su lado en esta difícil etapa de su vida nos tocó luchar mucho, aunque también vivimos su enorme esfuerzo para lograr una vida mejor y crecer como persona. Le deseamos lo mejor, y a pesar de que los expertos en tutelar menores recomiendan no crear lazos afectivos ya que no somos sus verdaderos padres, lo cierto es que queremos mucho a Joel, hemos sufrido a su lado, pero como cualquier padre también nos hemos alegrado con sus logros y siempre tendrá un sitio en nuestro corazón.

Ana de la Calzada Lorenzo y Armando Ontañón del Castillo

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