TRIBUNA
Largo y tórrido verano
S omos demasiado exigentes con la naturaleza. Inclusive con la idiosincrasia humana (siempre que se trate de los demás), de la que forman parte esa gran legión de patriotas que trabajan para el prójimo con entrega sin límites; sacrificando ocios y convivencia familiar por bien del común. Eso es ‘mérito civil’. Por contra, lo demás no deja de ser agresiones o en muchos casos chatarra con forma de medallas para que, llegado el momento, los prebostes cuelguen al cuello con cinta roja.
Vivimos (¿) en León, donde «El ceño de estas montañas, cuyos vientos rabiosos son súbita locura y en un mismo día de verano, que aquí sólo es vocablo, hacen vivir repartidos por las horas todos los meses del invierno».
Así lo definió don Francisco y parafraseó varias veces el columnista. Pues bien, este verano de tanta gracia, desconocidos hados han propiciado un clima estival en el que quizás se le ha ido la mano a la madre naturaleza. ¿Y, cuál ha sido la reacción del indígena? A saber: «Maldito cambio climático», «No se va a curar el jamón», «Estamos expuestos a un golpe de calor, como le ocurrió a mi pariente de Cuenca». «Por eso se queman los rastrojos sin provocar el incendio». «Qué vas a esperar si no tenemos Gobierno. Calentura». «No te puedes comer un cocido con gusto», «Pues yo creo más en lo de la falta de Gobierno», «Y los catarros que coges con el aire acondicionado, ¿qué?»
Quejas y más insólitos lamentos. Bien es cierto que las tabernas llenan sus arcas sirviendo esa cosa que han dado en llamar tinto de verano, a pesar de las anginas que coges con el hielo coloreado en tonos magenta; aparte, los gorgoritos de dióxido de carbono con sus conocidas contraindicaciones para el buen funcionamiento del estómago y zonas colaterales, ergo, la barriga.
Al tiempo, la casa pública por barrer. Y el narrador (como diría Màxim Huerta) se pregunta: ¿No serán los causantes del desbarajuste los propios votantes, equivocándose en las elecciones con los candidatos?
Si es así no es de recibo echar la culpa a esas buenas gentes que, denodadamente, se esfuerzan en trabajar sin descanso en busca del bien de España, no de la silla, el sillón o la chaise longue. Cuando escribo estas líneas llevamos casi un año sin Gobierno. ¿Que toman vacaciones algunos? Justo y necesario es. ¿No las toman quienes pueden, y siguen cobrando la soldada sin pertenecer a la Cosa? Pero ellos, erre que erre, negociando y discutiendo por conseguir que la obligada bonanza retorne al ámbito de la camilla familiar. ¿Es que los herederos del abuelo no discuten a la hora de repartir el legado del difunto? Todos, incluso ‘ellos’, tenemos nuestros defectillos.
Por ello, tengamos santa paciencia, mansedumbre y caridad con el género multiplural. Todo se nos dará por añadidura. Todo sea por España, que lo es; no por el sillón, aunque en alguna parte tendrán que sentarse. Y si es en el centro del hemiciclo, mejor. Se chupa más cámara.
Por los antedichos conceptos, no estoy de acuerdo en que el pueblo ponga a escurrir a nuestros políticos en funciones. Retrasadillos van, mas el negocio público, recuerden, es sumamente complejo y delicado.
Casi tanto como las relaciones familiares o nuestro propio interior por mucho en que uno se esfuerce. Hay que dar tiempo al tiempo, aunque éste sea más largo y estrecho que los menús de los establecimientos Tres Estrellas, o la inacabable repetición televisiva de entrega de medallas en los Juegos Olímpicos. ¡Horror!
También es un horror el que la Real Academia permita utilizar la palabra «Almóndiga»; con eme de malvados. Y no pasa nada.