Diario de León

León abre espacio en el centro al uso normalizado de la bicicleta

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Un carril 30 de uso mixto bicicleta-automóvil enlazará la glorieta de la paza de toros con la de la Junta, en la confluencia de la calle Cruz Roja con Reyes Leoneses, sobre un recorrido de casi dos kilómetros y medio que discurrirá por La Corredera, Independencia, plaza de Santo Domingo y buena parte de Padre Isla. La solución ideada en el contexto del plan de movilidad urbana de la ciudad de León y como respuesta a la demanda y necesidad de los usuarios de la bicicleta, un porcentaje creciente de la población leonesa, viene a complementar los 18 kilómetros de carril bici de los que ya dispone la capital, las cinco zonas 30 y la más estricta zona 10 del casco histórico.

Su puesta en marcha antes de que termine el año permitirá, por un lado, conectar los carriles bici de Fernández Ladreda y los trazados de los ríos, y con los de Eras de Renueva y acceso a Pinilla por otro, además de los entornos ya regulados de San Claudio y el Crucero. Es el avance de un plan más ambicioso que, una vez evaluado como experiencia y a la vista de los resultados, podría extenderse a Doctor Fléming-avenida de Palencia, Alcalde Miguel Castaño, Santa Nonia-San Francisco-Fray Luis de León, Álvaro López Núñez y el perímetro del ensanche de la ciudad a través de Ordoño II y su plan especial, Gran Vía de San Marcos, avenida de Roma y la Condesa.

No es la solución ideal, pero quizá sí la mejor posible —sin duda no exenta de polémica, al privar del uso actual para el automóvil al derecho de los dos carriles en ese único sentido— y, desde luego, la más barata, porque sólo exigirá pintar la señalización horizontal, instalar la vertical y anclar al suelo los cojines de goma de efecto disuasorio y que evidentemente limitarán la velocidad de circulación.

Madrid y Oviedo fueron pioneras en la aplicación con éxito de esta solución, que inicialmente exigirá paciencia y voluntad de entendimiento entre dos perfiles de usuario que todavía siguen mirándose de reojo. Pero no hay otras opciones por falta de espacio en las aceras y las calzadas, y las ventajas son importantes, más allá de la conexión de esos carriles y zonas ya delimitadas. Por ejemplo, sacar las bicicletas de las aceras y otorgar a sus usuarios el derecho real de circular por la calzada, su primera reclamación, lo que supone además un plus de seguridad para peatones y ciclistas. Pero también será un excelente espacio de pruebas que posibilitará un necesario avance en la pacificación de la relación y necesaria convivencia entre ciclistas y automovilistas en busca del beneficio colectivo. Y, por supuesto, todas esas otras ventajas que conlleva la reducción de la presencia de automóviles en el casco urbano: descongestión y mayor fluidez del tráfico, menos problemas de aparcamiento, reducción de las emisiones contaminantes, un importante ahorro en el gasto anual del coche y, en fin, el fomento del uso de la bici como medio de transporte urbano.

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