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LEÓN EN VERSO. LUIS URDIALES
León

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Las noches largas del otoño aportan la emoción salvaje de los depredadores que se emboscan en la maleza, a la espera de que una res acuda a aplacar la urgencia de la sed; hay un sinfín de momentos en los que todo el argumento social y económico que llegamos a comprender en León tiene su inspiración en ese modo Serengueti, el que apacigua las siestas de sofá y cabezada. El can que le clava las fauces al bambi indefenso completa la metáfora de la vida. Esas son las novedades que quedan para el tercio norte de la provincia, que se le hace de noche después de la tarde del sanmiguel; no se esperan novedades esta vez; más bajas, más resta entre residentes, apurados por el recorte de la luz diurna y el miedo a los pueblos vacíos, a los servicios lejanos, a la atención a distancia de los consultorios remotos. Escuchas a los que quedan, a los que van a resistir en esta tundra que abarca de octubre a mayo, y terminas por comprender la razón de aquel hombre sabio de Babia que, atormentado por el ruido de la noche y la escasez de gente con la que relacionarse, llegó a pedir que prohibieran por ley a cualquier ser humano resistir en invierno al norte de La Magdalena. Los indolentes legisladores deberían incluir en esas últimas medidas de choque una gratificación para los panaderos; por el gesto social de llevar el pan, y la conversación, que es un paliativo para el alma solitaria que aguanta heroica hasta que la proximidad del solsticio de verano contagie de amabilidad a los amaneceres que separan León del próximo ciclo de la vida. Queda el cárabo, que da las horas hasta que le espanta un chasquido de sol, que también será tarde para la madrugada; quedan los corzos, brucelosos o no, que se adueñan del terreno que dejan libres las tropas de jabalíes que avanzan como corsarios en la mar embravecida del monte leonés; quedan los lobos, que pasan por lugares insospechados por los que hasta hace bien poco abarcaba la raya de la civilización; si lloviera, que no lloverá porque en la troposfera han cambiado los signos de los vientos (QBO) y en vez de borrascas llegará más frío, quedarían los seteros y sus intrépidos colonos, que es ganar un par de semanas más de ocasión de cambiar un par de palabras con un ser humano; esa es la tragedia que avanza desde hoy por los pueblos; conozco gente que sólo teme al invierno leonés por el miedo a perder el habla.

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