Cháchara médica
Un hombre prevenido no es un hombre saludable: es un hombre temeroso. El hombre saludable, por contra, es temerario: camina sin paraguas bajo la lluvia, no separa la grasa del magro, celebra con copa y puro el final de un banquete. El sujeto que trata de conservarse a toda costa en su estado de gracia física, por temor a la enfermedad, ese ya es un enfermo por ignorar esa verdad primera y última que expresa que lo que mata es vivir. Somos cadáveres de permiso.
El acervo popular ha acuñado un refrán demoledor hacia esos partidarios de la precaución: «poner la venda antes de la herida». Siguiéndolo a pies juntillas, cada día con más forofismo, los médicos nos están haciendo enfermos preventivos a base de prohibiciones y meternos el miedo en el cuerpo. ¿Es por nuestro interés? Más bien por el ahorro del sistema sanitario. No les alcanza con el centimazo hedonista que son los impuestos al tabaco, el alcohol y lo que pueda venir, pues si algún día legalizan el comercio de otras drogas blandas también será para meterles la uña vía impuestos. A veces uno sospecha firmemente que aquí legisla el Ministerio de Hacienda.
Los pueblos vitales en general mantienen una enorme falta de consideración hacia la muerte y un gran respeto por el «que nos quiten lo bailao». La alta esperanza de vida de que gozamos, la ciencia la achaca a nuestra dieta alimenticia. Pura cháchara. El elemento esencial de la dieta mediterránea no es el equilibrio ni el consumo de ciertos alimentos, salvo acaso el sol: es la alegría de vivir, también los excesos, no sólo las renuncias; de hecho, tanto la frugalidad como la alegría son mediterráneas, y la alegría, que es aceptación de ser, incluye entre sus servidores a Pantagruel.
Nadie lo ha expresado mejor que Harry Martinson, un olvidado nobel sueco, en un poema breve titulado «El consejo de Li Ti»: «Si tienes dos monedas —dijo Li Ti durante un viaje—, / compra un pan y una flor. / El pan te sirve de alimento. / La flor que compres significa / que la vida merece ser vivida». Ay de los que olvidan la existencia y disfrute de las varias y numerosas flores del mundo: tal vez heredarán la tierra, pero será una tierra tenebrosa y triste.