Diario de León
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EL BAILE DEL AHORCADO. CRISTINA FANJUL
León

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Dice Sarkozy que la nación sosiega. «La frontera apacigua. Los lugares con más guerras son los lugares con menos fronteras». ¿Qué puedo decir? Me gustaría que en España hubiera alguien que hablara con tanta claridad, tanta convicción y con principios tan asentados. Sin embargo, lo que tenemos aquí es un conjunto de chisgaravises, desnortados que hablan según sople el viento y sin respetar ni sus convicciones —no creo que tengan ninguna— ni, lo que es peor, las de los ciudadanos a los que dicen representar.

Ayer se celebró el Pilar, el día de la Hispanidad. Y las redes se llenaron de arengas de los que creen que han nacido para convertirse en una imagen de Korda. Tanta prisa por pasar a la posteridad demuestra una soberbia infantil difícil de tragar. Hablar de la hispanidad es hablar de una parte fundamental de la civilización occidental. Es hablar de Roma, para empezar, con todo lo que eso conlleva. Por seguir con el rollo, defender España es defender gestas únicas. Sí. América es una de ellas, con Bartolomé de las Casas, el primer defensor de los derechos humanos, de los derechos humanos de todos, porque mucho antes de que naciera William Wilberfoce, un español del Renacimiento ya había creado un corpus legal contra la esclavitud. Aunque no quede progre, resulta que muchos de los que nos precedieron iniciaron el camino del futuro. Hablar de la hispanidad es hacerlo del español. Sí. Y el español es Cervantes y Quevedo, y Calderón de la Barca, y, gracias a ellos, también es Borges, y Juan Rulfo, y Albert Camus, y Dostoievski, y los grandes de la literatura inglesa del XVIII

Estamos en un momento decisivo, en el umbral hacia un mundo que se va creando según entramos en él, un mundo en crisis. Así que, sí, vuelvo a Sarkozy. «La frontera apacigua». Y mi frontera es un país en el que se arrincone el fascismo, cualquier tipo de fascismo. El populismo, el nacionalismo y el islamismo, por ejemplo. Pero para eso necesitamos políticos decentes y dignos, tanto desde el punto de vista moral como intelectual. Hasta ahora, a todo lo que hemos aspirado es a un conjunto de mediocres que creen que la corrupción es la charca sobre la que flota la democracia. Necesitamos intelectuales serios, a los que no les importe perder para que no perdamos lo fundamental.

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