Diario de León
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al trasluz eduardo aguirre
León

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A h, Obama. Otros hubiesen contado los cuadros de los presidentes, antes y tras la visita que le hizo ayer Donald Trump. Y además habrían advertido al jefe de seguridad: «Si toca algo me lo achicharras con la pistola eléctrica». Él no lo hizo. Aguantó el tipo como anfitrión, en esa primera conversación para preparar el relevo, pese a los ardores de estómago que la misma hubo de provocarle. No hace falta ser politólogo para intuir las preguntas de Trump: ¿Dónde está el urinario? ¿Tenemos extraterrestres congelados? ¿De qué color es el teléfono rojo? ¿En qué continente queda ese país llamado Europa? ¿Elvis sigue vivo? Obama hubo de escucharlas impertérrito. Todo un profesional. Aquello es una democracia avanzada, a ver por cuánto tiempo. Tanto él como Hillary Clinton han hecho público su deseo de que el futuro presidente tenga éxito, también la voluntad de contribuir al mismo. Esto sería impensable en España. Aquí, salvo Rivera, nadie ha dicho que, por el bien del país, pondrá todo de su parte para que el PP tenga éxito gobernando en minoría. Tales palabras han llevado a Pablo Iglesias a llamarle «mascota de Rajoy». El populismo faltoso da siempre titulares, y en Estados Unidos hasta presidencias. Esperemos que esto de Trump no tenga efecto secuela, como en las películas de terror. Uff.

En León también hemos tenido políticos populistas. Recuerdo a uno que pidió que los leoneses recibiéramos a huevazos a Juan José Lucas, entonces presidente de la Junta, pues iba a visitar nuestra ciudad. Al encontrármelo por calle, le espeté: «¡Cómo pides eso!». Y él, casi con sorna: «No irás a pensar que de verdad voy a tirarle huevos». Contesté: «Tú no, pero algún loco de la pradera quizá sí lo haga». Finalmente, no fueron tirados. Casi siempre, a las ocurrencias populistas se las lleva el viento. Pero Trump ha sembrado un huracán y la yema de otro.

La mayoría de los sondeos políticos de intención de voto tienen tanta fiabilidad como las predicciones de los horóscopos. Y sí, seguro que Obama fue ayer el anfitrión modélico. Un santo Job. Aunque aún habrá que esperar unas horas para saber si le echó laxante en refresco. De haber sido así, no será este columnista de provincias quien se lo reproche.

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