Diario de León

EDITORIAL. Alcohol: un problema más allá de los números y los efectos visibles

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El alcohol es la causa de uno de cada cuatro ingresos en el Hospital de León, donde cada fin de semana se atienden en urgencias a tres menores por exceso en el consumo. Es también el motivo de 758 multas de tráfico impuestas a automovilistas en la provincia en lo que va de año y de la retirada de casi 7.000 puntos del permiso de conducir. Más de un centenar de leoneses, en concreto 122, además de 51 familiares, participan en estos momentos en programas de deshabituación y rehabilitación, a los que cada vez llegan más personas y más jóvenes, a partir de los 24 años, y las consecuencias del alcoholismo, tanto físicas como psicológicas, son un grave problema para quienes las padecen y sus familias y un auténtico lastre social.

Todavía con la sensibilidad a flor de piel por la reciente muerte en Madrid de una niña de 12 años por un coma etílico, esa es la crudeza de la realidad y las elocuentes cifras con las que León se presentará ante el Día Mundial sin Alcohol. Es sabido que conducir bajo los efectos del alcohol es la causa de entre el 30% y el 50% de los accidentes con víctimas mortales y del 15% al 35% de los que originan lesiones graves en su efecto más visible. Pero con frecuencia no se sopesa la enorme devastación que el alcohol causa en otros muchos aspectos de las personas: suicidios, borracheras, vandalismo, violencia, peleas, divorcios y separaciones, incidencia negativa en la educación de los hijos y su rendimiento escolar, así como el alto gasto del tratamiento y la rehabilitación, además de los costes laborales asociados a un consumo excesivo que está detrás del 35% de los accidentes durante el trabajo.

Y, paradójicamente, el alcohol es la droga más consumida en nuestro país por su bajo precio y por la facilidad para conseguir bebidas alcohólicas incluso para la franja de edad en la que están prohibidas. El consumo de alcohol está presente en muchos aspectos de la vida diaria y en general existe una muy baja percepción del riesgo asociado a su ingesta y una elevada aceptación social o normalización de su consumo, que lleva a considerar el hecho de beber como algo normal en ciertas situaciones y que convierte en anormal o raro no hacerlo.

Cuesta reconocer el problema del alcohol, porque la palabra alcohólico suena mal. Cuando el afectado niega el problema quizá lo haga porque no tiene claro que vaya a dejarlo. El autoengaño es con frecuencia el principal mecanismo de defensa. Es evidente que es necesario hacer frente al problema, sobre todo al consumo prematuro entre adolescentes cada vez más jóvenes porque ellos serán los alcohólicos de mañana. Y eso es algo que no sólo implica a las asociaciones que mantienen una lucha titánica contra esta plaga, sino a toda la sociedad, porque la prevención es la mejor y más eficaz fórmula para conseguir que el consumo se mueva en parámetros razonables sin sobrepasar esa línea que lo convierte en enfermedad.

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