Diario de León
Publicado por
Manuel Arias Blanco profesor jubilado de Secundaria
León

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L a lectura del libro Pan negro , de Emili Teixidor, me ha llevado sin querer a otros mundos, a otras maneras de conducirse por la vida. No podemos hoy día aceptar esas conductas, ajenas a toda ética y estética. Antes se tenía a gala el hecho de conocer a fulano o mengano que pudiera echarte una mano, incluso para que el destino de la mili fuera lo más benévolo posible. Quien más quien menos conocía a algún personaje destacado que le guiara. Y así nos lucía el pelo, el pelo de la dehesa. Pero quizás debamos darle carpetazo a aquella época.

Es verdad que quedan sospechas en alguna que otra oposición. Pero en nosotros está que a través de una correcta educación vayamos construyendo una sociedad sana, donde lo que prime por encima de todo es el buen hacer, la abnegada preparación, el trabajo acorde con los estudios, la habilidad, la vocación… No podemos apostarlo todo a un enchufe, a amiguismos, a intereses extraños y chirriantes.

Lo que la sociedad nos ofrece, a bombo y platillo, es un variado panorama de gente aprovechada que le importa tres pitos el devenir de los demás. Se instalan en el lujo y el buen vivir y a los demás que los zurzan. Se gastan lo habido y por haber y no miran más que su ombligo. Eso es lo que nos brinda día tras día la televisión en una sucesión de escenas obscenas y poco digeribles. Se están pegando la vida padre con el dinero de todos y apenas se avergüenzan. A muchos nos da pudor ver esas pasarelas del despilfarro, mientras hay gente sin trabajo y la miseria llama continuamente a la puerta. Es repugnante.

Es hora de acabar con todo tipo de enchufismos, aunque se necesiten asesores a tutiplén. No sé por qué. Bien podrían valer los propios funcionarios, puesto que se trata de personas cualificadas para determinadas tareas y no amigos que se lo lleven crudo. Mientras no se cambie la mentalidad de construir una sociedad sana y justa, tal vez marchemos por esos derroteros de regalías y chanchullos. Quizás el espectáculo de estos últimos acontecimientos nos abran los ojos y empecemos a caminar por la misma senda todos. Con distinta velocidad, a distinto ritmo, pero sin atropellos ni desalojos. Ese día podremos mirarnos a los ojos y apostar fuerte por una convivencia de lujo.

Nadie, a estas alturas de la vida, debería cuestionar el tema de los enchufes y amiguismos. Hay que sanear la Administración de arriba abajo, porque los dineros de todos solo pueden redundar en beneficio colectivo. Y nadie es más que nadie, independientemente de dónde haya nacido ni en qué familia nazca.

El baremo ha de ser igual para todos, sin privilegios. Fuera, por tanto, aforamientos y asesores, entendido esto como pago por los servicios prestados. Nada de nada, cuando se trate de servicios públicos. Otra cosa, claro es, cuando se trate de negocios privados, donde hay unos dueños y señores para hacer y deshacer, siempre y cuando cumplan las leyes establecidas.

No es difícil explicar esto desde la escuela. Y todos lo entenderán. Si se accede a través de oposiciones a la Administración pública, pongamos las oposiciones acordes con las exigencias. Si primamos la entrevista y el currículum, hagámoslo con la máxima seriedad y objetividad. Si precisamos asesoramiento, hay mil funcionarios capaces de hacer esta tarea digna y sabiamente. Porque la política es lo más público que tenemos, dado que se nutre del dinero de todos. No podemos alegar que un partido político es algo privado, ni mucho menos. Al menos, no lo es en cuanto su caladero está en los bienes del Estado. Otra cosa serán los militantes, pero sería harina de otro costal, sería para costear pequeños cargos dentro de esa organización

Queda claro que debemos deslindar lo público de lo privado. Siempre que se refiera al ámbito público, no cabe otra alternativa que la transparencia y la objetividad. A la vista está el despilfarro que ha costado tanto amiguismo, influencia y asesoramiento a las arcas estatales. Además, como era del común, ni se le ha hecho aprecio alguno. Pero hasta aquí hemos llegado. Ojalá el mérito y la oportunidad cambien este país. Necesitamos mucha gente que tire del carro. Seguro que el dibujo de una España en marcha atraerá a jóvenes y mayores transformando el negro panorama del paro y la miseria en un mosaico blanco de trabajo e ilusión.

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