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FRANCAMENTE. JUAN CARLOS FRANCO
León

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La realidad virtual ya ha dejado de ser un universo paralelo al nuestro. Ha derribado la puerta para invadir nuestras vidas, y hemos aceptado, sin rechistar, su supremacía y dominación. Nuestra rendición ha sido sin concesiones. Abriendo las puertas de nuestra estupidez de par en par. Es lo que suele suceder cuando lo que se ataca, con halagos, es nuestro ego, que es lo que hacen esos ingenios de cinco pulgadas.

Gracias a ellos igual nos creemos Robert Capa en el Espejo en el 36 cuando lo obvio es que lo que capturamos son golpes sin la más mínima consecuencia en alguna glorieta, que enlatamos en un archivo que no volveremos a ver una supernova que no se nos volverá a presentar más para nuestro disfrute en ‘vivo y en riguroso directo’ a lo largo de nuestra triste existencia. ¡Y luego decían que la tele era la caja tonta! ¡Que la religión era el opio del pueblo! ¡Que el circo, los toros o el fútbol distraían al ciudadano de a pie de los verdaderos problemas! Estas máximas urgen una revisión, la cual no dudo que alguien la haría sino estuviera entretenido haciéndose un selfie, enviado un whatts, subiendo un comentario al twitter,....

Vale que esto pega mucho con lo del carácter patrio —aquello de comerse una y contar veinte— disfrutando más en la barra del bar con los amigos que en el momento mismo de la consumación, pero cuando la estupidez alcanza ciertos límites, más de uno debería replantearse sus prioridades en la vida.

Y con estas diatribas estaba después de que un turista brasileño se cargara un San Gabriel del siglo XVII con la que tropezó mientras caminaba hacia atrás para lograr campo de visión en su selfie, cuando va el Consejo Comarcal y le suelta al responsable de nuestro Patrimonio que menos realidades virtuales y más pisar el terreno. Que Las Médulas, tierra de selfies donde las haya, no admiten más historias, y que su realidad, esa que no se llevan los turistas atrapada en sus móviles cuando levantan el vuelo, la sufren los que allí residen y no pueden enterrar a sus muertos en festivo o ven como esquilman sus sotos de castaños.

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Lamentablemente estas realidades cotizan a la baja. Se prioriza en escenario de cartón piedra con los que sacar pecho en Valladolid. Se valora mucho más aullar a una luna virtual.