Diario de León
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EN BLANCO. JAVIER TOMÉ
León

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Mi querida y añorada tía Pepina era muy devota de Santa Rita, Santa Ritina la llamaba ella, patrona de los imposibles por más señas. Idéntica veneración sentía hasta hace cuatro días el PP por Rita Barberá, a quien por cierto le gustaban más los bolsos y los perfumes caros que a Franco los pantanos. Las cosas se complicaron con respecto a la tristemente fallecida Barberá cuando la carroza se volvió calabaza, una vez conocido el aluvión de fechorías, tropelías e infamias perpetradas en la Comunidad de Valencia, un asunto expuesto ahora mismo a la cruda luz de la batalla judicial contra el impunismo triunfante. En realidad, la historia de la civilización se puede explicar en dos palabras: desde el proceso que llevó a las gentes a arrojar piedras a las autoridades a lanzar papeletas a las urnas. Algo que en este país entendemos de forma muy particular, ya que estamos acostumbrados a tratar con la mayor deferencia y mimo a nuestros decentes y honrados ladrones. Individuos que no tienen ideas, solo intereses, al entender que el auténtico negocio no está en las entradas del cine, sino en la venta de palomitas.

Considerada una autoridad en asuntos de los que no tenía ni puñetera idea, doña Rita fue durante mucho tiempo una máquina de ganar elecciones para los populares y, por lo que dicen, una experta en moverse por el filo en que convergen los negocios y la política. Íntegra a su modo y manera, por decirlo de forma fina, todo se vino abajo cuando el viento cambió y se convirtió de repente en carne de cañón para todo el mundo, incluidos los suyos, tambaleándose con un pie en la fama y el otro en la infamia. Pese a gozar últimamente de peor reputación que un tragasables fullero, las condolencias generales y el sentir popular han echado tierra sobre sus varios pecados y componendas del pasado. Hasta el impávido Mariano Rajoy se veía tristón y lloroso, como arrepentido por su frialdad y dejadez con respecto a una mujer que siempre estuvo de su parte. Descanse en paz doña Rita, en fin, fallecida al pie del cañón y con la heroica muerte de los gladiadores en la arena.

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