Silencios cómplices
«Estoy convencida de que la guerra contra el terrorismo no justifica que se coloque bajo sospecha generalizada a personas en función de una determinada procedencia o religión». Esta es la respuesta textual que Angela Merkel ha dado al decreto legislativo de Trump en que ha prohibido la entrada en su país de ciudadanos de siete estados de mayoría musulmana, elegidos arbitrariamente y de acuerdo con sus intereses particulares. Merkel es inequívocamente conservadora, pero ya ha dado pruebas de un valor objetivo en materia de derechos humanos y de principios democráticos. Se ha jugado su carrera política por haber abierto las fronteras de su país en momentos de una gravísima crisis humanitaria en el cercano Oriente, y ahora se planta con gallardía ante el desafuero de Trump. Aquí, nuestro Gobierno, lanza apenas críticas veladas, intentando salvar la cara pero sin el énfasis que requiere la magnitud del desaguisado. Y ello a pesar de que Trump no ha hecho el menor gesto de aproximación a Rajoy en toda su ya larga carrera hacia la Casa Blanca. Hay silencios cómplices y actitudes gallardas, y aquí parece que hemos optado por lo primero. Se desacredita el Gobierno y se defrauda a la ciudadanía.