TRIBUNA
Despoblación
A compaño con cierta frecuencia al Coro Vegazana, en el cantan mi mujer y me considero amigo de todos sus componentes. El día 28 de diciembre fue a cantar a Escobar de Campos, contratados por el Instituto Leonés de Cultura, dentro de la campaña de Navidad que lleva la música a diversos pueblos de la provincia. Escobar de Campos es una pequeña población leonesa en el límite con la provincia de Palencia, situada a algo más de cuatro kilómetros de la carretera CL-613, que une Palencia con Sahagún, cuyo desvío se encuentra próximo a Grajal de Campos.
Hacía bastantes años que no me acercaba a esta localidad y he de señalar que me quedé muy sorprendido. Lo primero que me llamó la atención es el estado del camino (no se le puede llamar de otra manera) que unr el pueblo con la carretera comarcal antes señalada. Está en pésimas condiciones. Me da la impresión de que poco asfalto ha visto desde la primera vez que visite el lugar en el año 1975. El autocar que llevaba al coro parecía un muñeco de feria o un aparato de «la ola» por lo que se movía y balanceaba. Una vez en el pueblo, que es ayuntamiento, uno de los más pequeños de España, solicitamos, antes de la actuación del coro, que nos enseñaran la iglesia, que yo ya conocía desde aquella visita. El edificio es una obra del siglo XVI catalogado por Gómez Moreno, muy interesante y digno de mayor cuidado que el que se le dispensa por las autoridades eclesiásticas y civiles. La torre, con una intervención de urgencia años atrás se encuentra totalmente agrietada y necesitaría una consolidación. En el interior destacan la armadura ochavada con que se cubre la capilla mayor decorada con rica labor de rombos y, las columnas que separan las tres naves, igualmente ochavadas. Pero la joya del templo es la colección de pinturas de principios del siglo XVI que se reparten por los retablos del templo y de las que hace una buena descripción Gómez Moreno que las considera «interesantísimas» (las vio allá por 1908 o 1909). Lo que asombra y sorprende es su mal estado de conservación, algunas posiblemente irrecuperables.
Traigo a colación todo esto no sólo para denunciar el abandono de nuestro rico patrimonio cultural y el desprecio que desde las administraciones se tiene por el mismo, sino también para criticar las políticas que, sobre todo, desde la Junta se lleva a término y de la que las diputaciones son responsables subsidiarias.
Nuestros pueblos se abandonan, en ellos cada vez quedan menos habitantes, se pierden con ello no sólo historias, costumbres, tradiciones y patrimonio artístico, que no se podrá recuperar nunca más, sino que también se pierden campos, montes, caminos, casas…. Se pierde todo, y sobre todo, se pierde gente. Y, ¿qué hacen nuestras autoridades? Nada. Se pasan el día hablando de que hay que parar la despoblación, encargan trabajos, pierden el tiempo, se dan golpes de pecho y dicen que están preocupados, pero al final: nada, tienen a los pueblos totalmente abandonados, sin servicios, con escasez de médicos, sin escuelas, con carreteras indecentes, sin teléfono, con mala televisión, sin conexión a Internet… sin una vida adaptada a las exigencias del momento y así allí no hay quien viva. Ya sólo viven en muchos de nuestros pueblos viejos, gente mayor que no tienen a donde ir, ya no hay jóvenes, ya no queda ninguno.
Ante todo esto la respuesta que se ofrece es: para cuatro vecinos no vamos a invertir porque es tirar el dinero; cuando lo que querrian decir es: para cuatro vecinos que a lo mejor no nos van ni a votar invertiremos en otro sitio del que saquemos más beneficio electoral. A nuestros políticos no les interesan los pueblos porque dan pocos votos. Si desaparecieran la mitad de los pueblos de la provincia y de la comunidad en las sedes de casi todos los partidos políticos harían fiesta.
No quedará quien venga a decir que se invierte mucho en los pueblos y en parte es verdad, pero se invierte mal o por «interés». A los pueblos se les llevan y se ofrecen cosas y obras que en la mayor parte de los casos no necesitan o son inútiles. En su momento se hicieron en todos ellos teleclubs, luego centros multidisciplinares y casas de cultura con grandes inversiones en mobiliario (algunas justificadas y otras que no se abren más de dos o tres días al año), y después canchas deportivas (muchas de las cuales languidecen comidas por la hierba), inversiones en muchos casos injustificadas pues, como queda dicho, ante la falta de los servicios básicos, las personas que pueden no vive en los pueblos y esos edificios e instalaciones se abandonan y se pierden. El hecho de tener una casa de cultura u otras instalaciones no soluciona el problema de la falta de servicios básicos, lo prioritario es tener cerca el médico cerca, escuela, una conexión a Internet que funcione, buena carretera… servicios, que como dice la Constitución, con la que se les llena la boca a nuestros dirigentes políticos, todos los españoles tienen los mismos derechos.
Cuando el problema ya no tenga solución saldrán algunos políticos a decir que ellos ya lo habían profetizado y volver a darse golpes de pecho y a lamentarse como magdalenas con lágrimas de cocodrilo. Ante todo esto sólo nos quedan dos opciones: o nos aguantamos o exigimos a los políticos de turno nuestros derechos; y si no los cumplen sólo nos queda «botamos» de verdad.