Diario de León

TRIBUNA

No será posible un pacto educativo

Publicado por
FRANCISCO J. LÓPEZ RODRÍGUEZ PROFESOR
León

Creado:

Actualizado:

E n España han existido numerosas leyes de educación. La última, la Lomce (Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa) ha entrado en fase agónica y terminal. A partir de la Constitución de 1978 se han promulgado tantas leyes educativas como legislaturas. La Lode, Logse, Loce, Loe y la última la Lomce. De todas podemos sacar resultados positivos pero la realidad educativa es caótica y degenerativa. El fracaso escolar es bandera que nunca se va arriar.

Llegamos a la Lomce. Partamos de la premisa: ¿Todos los docentes han leído, releído, meditado esta ley? Temo que una mayoría, no. Las asociaciones de padres la han analizado... presumo que no. ¿Los estudiantes con algaradas y revueltas saben de qué trata? No creo que hayan leído ni el prólogo, ni siquiera qué significa las siglas.

Partamos de un supuesto: ¿Cómo sé si una ley es buena o mala para la sociedad, y para la competitividad? Como anécdota y raíz de una huelga contra el plan Bolonia, preguntamos a los huelguistas por qué hacían huelga y el «más avispado» vocifera: ¡por el plan Bolivia!

Estas algaradas son manipulaciones de estudiantes, por decir algo, que probablemente hayan abandonado el sistema educativo o bien inmersos en él sean candidatos al fracaso y son mensajeros de organizaciones políticas, sindicales con el objeto de llamar la atención y servir al sistema político que pretende cambiar todo para que todo vaya a peor.

Volviendo a la Lomce. ¿Es malo para un país centralizar el sistema educativo y que todas las comunidades autónomas legislen y pongan en marcha criterios educativos comunes, respetando la singularidad de cada una, sus costumbres, tradiciones, cultura, lengua etc.? ¿Es negativo que se realicen evaluaciones únicas con contenidos unívocos en todas las comunidades? Muchos llaman a las reválidas ‘franquistas’. En 1953, el ministro de Educación, Joaquín Ruiz Giménez, creó La Ley sobre Ordenación de la Enseñanza Media.  En dicha ley se mantenía la doble vía para entrar a la universidad entre el bachillerato elemental (de cuatro cursos) y el superior (de dos), seguido por el ‘preu’ o curso preuniversitario, que era obligatorio. Es con esta ley cuando se instauran las reválidas. La primera prueba era de acceso al bachillerato, que se realizaba a los diez años; la segunda, la reválida elemental o reválida de cuarto (al terminar los primeros cuatro cursos); la tercera, la reválida superior o reválida de sexto (al completar el bachillerato superior, que se llevaba a cabo en un instituto independiente del Ministerio de Educación) y, por último, una prueba de madurez que coronaba el preu. Si se quería pasar a los siguientes cursos, había que aprobar todas las reválidas. Esto era calidad, competitividad y de aquí salieron los genios españoles.

El caos educativo en España es de tal magnitud que no hay ningún país en el mundo que tenga un sistema educativo que se aplique como viene en gana en cada comunidad. Ninguna autonomía renuncia a su educación. Para unas, es su arma identificativa. Catequizar a los niños catalanes, vascos, gallegos, mallorquines, valencianos de que España nos roba, España nos ataca y España nos invade es el adoctrinamiento general.

Estas mentes serán mañana la voz de la independencia, bueno ya es hoy y, este país dentro de unos años, será un reino de taifas y el núcleo patrio será: ambas Castillas, incluido el Reino de León, Andalucía y Extremadura. Porque los niños de hoy cuando lleguen a la juventud se sublevarán y nadie parará esta guerra fratricida. Todos los gobiernos en materia educativa han sido pusilánimes, contemplativos, permisivos, se han vendido por un plato de lentejas, porque la voraz política tiene que depender de estos mercaderes autonómicos.

¿Cuál es el problema educativo en este país? ¿Por qué se ataca a Lomce? Ni se sabe. Entonces, ¿dónde está el problema? El por qué no a la Lomce, se fundamenta en los siguientes puntos: 1.º. Para las autonomías independentistas, la Lomce impone. Yo quiero tener mi propia Ley de Educación y se acabaron los problemas. 2.º. Para muchas padres y alumnos manipulados por las asociaciones, cercanas a ciertos partidos políticos de izquierda o de extrema izquierda que no quieren para sus hijos el esfuerzo ni la calidad de la enseñanza, que superen todas las materias, que no haya pruebas de evolución porque es discriminatorio y se está segregando a los alumnos. Estos padres no admiten que haya niños menos válidos, más inteligentes, menos inteligentes, no, todos deben ser iguales. Esto me recuerda a la tribu zuñi de Arizona que, entre sus costumbres, una era la no competitividad, no destacar uno sobre el otro. Cuando realizaban exámenes en las escuelas con el rabillo del ojo observaban al compañero para ver en qué pregunta estaba, si iba por detrás, esperaba, ya que superarlo se fomentaba la rivalidad. A diferencia del pueblo kwakiutl, en el que la competitividad era su regla, quien destacaba en el manejo de las armas era el mejor guerrero y llegaría a ser jefe de la tribu o bien quien terminaba el primero en los exámenes, era el shaman de la tribu. Pues bien, hay algunos padres que se inclinan por los zuñis, bueno ya tenemos un ejemplo muy evidente, la CUP catalana propone para los niños la educación en la tribu, luego no estamos lejos de la tribu americana del siglo XIV cuando fueron descubiertas por un misionero español.

Hay algunos padres que detestan la autoridad del profesor. Que sólo quieren derechos para sus hijos y no deberes, es decir, que los hijos estudien o no estudien hay que aprobarlos a todos porque todos son iguales ante la ley. Afortunadamente son unos pocos y, estos pocos, como ocurre en la mayoría de las asociaciones, son lo que capitanean y dicen que representan a todo un colectivo de familias cuando las elecciones sabemos todos como son. 3.º. Para los partidos de extrema izquierda, sindicatos, anticapitalistas, antisistema, sólo les importa que: la enseñanza sea pública, laica, que desaparezca la religión, bueno la católica, a lo mejor si tuvieran que elegir, elegirían el islam. Fuera los conciertos y, por derivación, la enseñanza privada y eliminar las reválidas porque esto es muy duro para el colectivo estudiantil que les apoya ya que normalmente suelen ser a los «mejores estudiantes» los que les importa un rábano la calidad de la enseñanza. 4.º. Para el profesorado, una mínima parte, abogan por una enseñanza laica, pública y eliminar las pruebas de evaluación. Para la mayoría del colectivo docente, por suerte y, como profesionales que son, quieren una Ley estable, duradera, que promueva el esfuerzo, la competitividad. Que defina qué criterios educativos se deben seguir. Diseños curriculares únicos, contenidos comunes únicos. Que el trabajo sea resultado de una continuidad sin cambios. Que se dote a los centros de medios. Que se apoye a los alumnos en la diversidad. No discriminación y, sobre todo, que se dote al profesorado de una autoridad capaz y suficiente para imponer, orden, disciplina y respeto. 5.º. La mayoría social, quiere una ley estable, libertad de enseñanza, libre elección de centro, calidad, profesorado cualificado y dotado de autoridad. Centros con autonomía para establecer su propio régimen educativo, basado en la calidad y en la competitividad.

Luego ¿es posible un pacto educativo? No. Porque son tantas las diferencias que es imposible llegar a acuerdos de ningún género ¿Cómo se va llegar a acuerdos entre aquellos que sólo quieren una enseñanza pública, laica y los que quieran la enseñanza privada que la paguen? Esto es imposible. No habrá pacto educativo y, si lo hay, alguna parte será perjudicada. La educación en España no tiene solución. Seguiremos a la cola de Europa y nos acercaremos a los países subdesarrollados. Este es el precio del cinismo y de los intereses de nuestros políticos. Habrá una Ley de Educación más y habrá un conflicto más y el profesorado y los niños a sufrir los caprichos de nuestros políticos que sólo piensan en seguir ladrando… ¡Ah! Que lean y relean las leyes educativas que la ignorancia es el principio de la protesta.

tracking