Diario de León

EL BAILE DEL AHORCADO

Lo único gratis es el amor de madre

Cristina Fanjul
León

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Sí. Es lo único gratis. Nada más, el resto siempre se paga, de una u otra manera, se cobra, lo que hay que preguntarse es cómo. Por eso, la noticia de que la Universidad cuenta con 221 colaboradores que no perciben un euro mueve a la sospecha, o a la risa, o a las dos. Pero estamos en España, y aquí todo es posible, hasta la endogamia en la universidad: hijos, sobrinos y novios que crecen en el departamento como si fueran parte del decorado. Siempre han estado ahí, incluso antes de llegar, incluso después de que todo haya pasado, seguirán en su lugar, ocupando la misma mesa y haciendo bostezar a los mismos alumnos, cada vez menos, claro. Los dinosaurios, que hay tantos en esta provincia que lo que parece mentira es que no volvamos a dormirnos otros cien años más. Profesores que llevan décadas sin investigar, sin viajar, sin formarse, sin reciclarse, profesores ausentes, semovientes, en fin... la universidad española es arqueología del enchufe. Y, ahora, esto, tanto tiempo peregrinando para que nos digan que hay nada menos que 225 ‘personalidades’ dispuestas a dedicar su tiempo libre al claustro, como un acto de pura filantropía. La heroica capital del Reino duerme la siesta, despacio y sin sobresaltos, que lo contrario lo dejamos para las ciudades de obreros y de inmigrantes, y aquí seguimos siendo los mismos, envueltos de manera plácida en el manto de Orfeo, haciendo la digestión del cocido, bienintencionados y biempensantes, que nunca pasa nada, o al menos nada lo suficientemente importante como para despertar, a no ser que nos quiten el empedrado de la plaza, que entonces sí que parece que el suelo se mueve bajo nuestros pies, y nos revolvemos... Por una plaza, mientras se ríen en nuestra cara porque no tenemos dignidad.

Hay investigadores únicos en la universidad de León. Yo conozco muchos. Algunos hombres buenos y brillantes que hacen que las cosas aún merezcan la pena, que cobran por su trabajo y se esfuerzan en llevarlo a cabo. Porque el trabajo se paga, el de verdad, y se paga siempre. Lo contrario es una zona oscura, o al menos una esquina gris, en la que no sabemos muy bien cómo movernos, por dónde reptar ni en qué dirección encontrar la salida.

No hay nada gratis, nada, salvo el amor de una madre. Todo lo demás, se paga. La cuestión es cómo.

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