La propuesta
N i el Gobierno, ni el PSOE, ni Ciudadanos, creen que Escocia sea equiparable a Cataluña. Muchos catalanes, tampoco.
Cuando un tren descarrila hay que buscar otras vías, pero la ‘vía escocesa’ nos pilla lejos del andén y Carles Puigdemont y su vicepresidente, Oriol Junqueras, pueden quedarse con el pie en el aire y el culo sin salirse del mismo sitio.
Que todo quede claro en medio de la confusión: no se puede hacer un referéndum sobre la soberanía nacional si no intervienen todos los que viven en la nación.
Algo tenemos que decir los que vivimos lejos de las Ramblas, aunque no quieran oírnos. La llamada ‘vía escocesa’ es inconstitucional y lo seguirá siendo mientras no acordemos todos cambiar la Constitución que está muy vista, según algunos, pero no para sentencia.
En ella no cabe un referéndum, ni en el más pequeño pueblo, ni en las grandes ciudades.
No es fácil conocer a nadie que deplore la caída de Amancio Ortega, que dicen que ha bajado cuatro puestos en la lista Forbes de las mayores fortunas mundiales, pero todos conocemos a alguien que ha sufrido un desahucio.
Ojos que no ven, corazón que no quiere mirar más allá de su bolsillo, aunque haya llegado la primavera y recordamos que todo lo que perdimos volverá con las aves.
Los pájaros de mal agüero vuelan a ras de tierra mientras florecen los almendros.
Ya sabemos que las comparaciones únicamente son odiosas para una de las partes que resultan comparadas dentro de este proceso, pero los que procuramos, aunque sea en vano, no tener la nariz pegada a la tapia, no podemos ignorar lo que pasa por el mundo, donde millones de personas la están pasando canutas.
En Venezuela, donde pase largas temporadas de mi vida, no hay colas en las panaderías porque no hay pan. Pobres países ricos.
El mono desnudo se ha convertido en un antropoprófugo desganado. ¿Ustedes gustan?, decimos a veces.