HOJAS DE CHOPO
Endogamia pura
Manuel Neila, notable cultivador del aforismo: «El político es tan dado a las promesas que hace con ellas lo que le viene en gana». La raíz de tal actitud hay que buscarla en las prioridades de quienes se dedican a tales menesteres o en ellos quieren perpetuarse, con mucha frecuencia ejerciendo la metamorfosis del camaleón. Ya me entienden. Profesionalizar esta noble tarea es duro, si, sobre todo, uno no quiere dar un palo al agua, como la realidad nos demuestra, fuera de esta actividad. La limitación de los mandatos es una exigencia urgente.
La reflexión, repetida, viene provocada por la situación sociopolítica que vivimos y en la que, según lo que de ella se desprende, los intereses ciudadanos quedan relegados, en el mejor de los casos, a un segundo o tercer plano. El escenario, en todos los niveles territoriales e ideológicos –parece palabra vacía de contenido real-, está ocupado por ellos mismos, en el más vergonzoso guirigay de la confusión. La presencia de los corruptos, sin medidas determinantes, sigue sobresaltándonos. Los agravios presupuestarios respecto a esta provincia y los recortes que no cesan apenas si tienen respuesta, más bien sí justificación, en un equilibrio lingüístico difícil de entender, seguramente por el temor a no salir en la foto, dada la incertidumbre de los mandamases y las incógnitas de sus futuras decisiones. Alguno sale a la palestra en defensa de temas de poca monta, que no les compromete, pensando posiblemente ganar a la ciudadanía por la pasión, nunca por la reivindicación de lo importante. Así ocurre que aquí vamos de culo y sin frenos. Necesitamos otra forma de hacer política y de compromiso.
La endogamia más pura recorre los entresijos de los partidos. Si la actividad parlamentaria es plana, más cercana a un reality que al rigor, más superficial que de contenidos, la caravana de primarias, congresos y demás sucedáneos son una catarata de disparates. No se debaten ideas —lo de «distintas sensibilidades es un eufemismo que produce dolor de estómago—, solo nombres. De ahí el brillo de los cuchillos, la venganza de las traiciones y el acercamiento al posible ganador. Buena parte de los futuros personales está en el acierto. Por eso algunos perdedores corren llorando a pedir que se acuerde de él cuando suba al trono de su reino. Y se baja los pantalones hasta donde haga falta. Endogamia pura… y dura. ¿Qué tendrá la falsedad del poder cuando tantos la abrazan?