Carbonilla
Alguna vez he dicho que las cuatro chimeneas de la antigua térmica de la MSP junto al río Sil me recuerdan al Titanic. Cuando la térmica era una ruina varada en la orilla del río, aquel vestigio de la prosperidad industrial de Ponferrada era lo más parecido a un barco naufragado.
A la vieja central la resucitaron para convertir el edificio abandonado en la primera fase del Museo Nacional de la Energía. Y aquello fue como reflotar un trasatlántico, sin duda. De repente, las cuatro chimeneas volvían a lucir espléndidas en la línea del horizonte, a pesar de que el perfil del nuevo puente del Centenario a punto estuvo de robarles su derecho a tocar el cielo. Parecía un sueño, sí. El deseo cumplido de los que siempre nos lamentamos de lo abandonado que tenemos nuestro patrimonio industrial. Pero pronto comenzaron los problemas en la Fundación Ciudad de la Energía.
Al Museo se le cayó el apellido de Nacional. Eliminaron del proyecto el ambicioso Bosque Carbonífero, una cúpula donde debían brillar los helechos criados en el vivero en Igüeña. Redujeron los horarios de visita en un cierre parcial encubierto. Siguen sin urbanizar su entorno. Se han olvidado, además, de darle un contenido a la segunda fase en la antigua térmica de Endesa. Y en dique seco se ha quedado sobre todo, y eso aún es más grave, el proyecto para investigar la combustión limpia del carbón en Cubillos.
El expresidente Zapatero, creador de la Ciuden, ha anunciado esta semana que el PSOE presentará iniciativas parlamentarias para que el PP deje de asfixiar a su criatura. Pero la criatura, que nació para darle aliento al carbón y recuperar su patrimonio histórico, sino muerta, está moribunda. Sin duda la está matando el PP, que no se atrevan a negarlo. Pero a uno le queda la sensación de que si los socialistas superan su guerra cainita y vuelven a ganar de nuevo las elecciones, tampoco se molestarán en resucitarla. Y lo mismo harán con el sector minero, empujados por el siglo del cambio climático.
Todo lo que nos cuentan ahora, disculpen que no me lo crea, se parece cada vez más a la carbonilla que queda en el fondo de una chimenea apagada: levanta un poco de polvo si recibe un golpe de viento, sí, pero ya no calienta nada.