Diario de León

NUBES Y CLAROS

El ‘no es no’ se ejerce con el mando

Publicado por
MARÍA J. MUÑIZ
León

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Francamente, no le veo la necesidad a publicar con todo detalle la brutalidad de la violación múltiple de los últimos sanfermines. Tengo para mi que a más del 90% de la población le produce la repulsa que merece, pero a otro porcentaje que no me atrevo a cuantificar le pone alas en la imaginación. Una imaginación cada vez más arropada por estereotipos y entornos que alimentan insaciables series de televisión, sagas novelescas y programas de todo tipo, que se sitúan cada vez más lejos de lo deseable, y en las antípodas de lo legal y lo legítimo.

Mientras las brechas de género se amplían en todos los campos por los que encuentran costuras en las que expandirse, a la lucha contra los micromachismos cotidianos, consentidos y asumidos por una preocupante mayoría como ‘normales’ le salen competidores espeluznantes.

En los últimos meses vienen denunciándose situaciones de acoso, abuso, y en el mejor de los casos mal gusto que se reproducen continuamente por ejemplo en los programas de «entretenimiento» de las televisiones. Si se denuncian públicamente, se califican como ‘bromitas’. Alguno de los programas prime time de la parrilla nacional acumula un lamentable ranking de comentarios sexistas que no pasan ni el filtro más gordo de lo aceptable. Pero se perpetúan en el tiempo, sin que sus simpáticas y ocurrentes estrellas mediáticas se den por aludidas, ni cambien el argumento ante cualquier buena moza que se les ponga profesionalmente por delante.

Hasta algunas de las grandes estrellas de Hollywood han emprendido campaña frente a determinados ‘programas de entretenimiento’, cuyos babosos entrevistadores han llegado a preguntar sin sonrojo si la actriz lleva bragas, entre otras lindezas vergonzantes.

Ante la evidente involución del mínimo respeto exigible, cabe preguntar por qué no se actúa judicialmente contra estas asqueantes conductas. Y también por qué no reciben el castigo social de, al menos, cambiar de canal o apagar la televisión. El no es no al acoso y el machismo empieza en cada hogar y en cada programa. La tolerancia cero está en el mando que cada uno tenemos en la mano. Ejerzamos, como mínimo, el poder de la audiencia.

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