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MARÍA J. MUÑIZ
León

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Otra burbuja. Un globo inflado a puro golpe de moflete, lleno de aire insuflado artificialmente (pregunta aquí y allá, y parecerá que la cosa tiene interés) envuelto en una capa tan fina como engañosa su consistencia. Un debate de distracción, incluso para el propio objeto del debate. Una vendetta muy acotada sindicalmente que se ha pretendido elevar a reivindicación provincial. El aire lleno de discursos, y viceversa.

Una cosa es la legítima y encomiable pugna de las estructuras provinciales por librarse del estrangulamiento absorbente e inmovilizante aparato autonómico, paralizántemente centrado en sus intereses intestinos; y otra lanzar las campanas a un vuelo alocado sin más argumentos de los sentimentales, alarmantemente ayunos de discurso y cuentas.

Qué más quisiéramos los leoneses que estar en disposición de echar pulsos aquí y allá amenazando con quedarnos con lo nuestro. ¿Con qué? Significaría que tenemos recursos, estructuras, PIB, productividad, futuro, sectores, población (no mayoritariamente pensionista o inactiva), fortaleza. Capacidad para exigir el futuro de esta tierra o sacudirnos las sandalias de administraciones que nos asisten.

No es así. Cada vez es menos así. Si estos profetas tienen la receta, más allá de la pataleta de titular, que la hagan pública. Creo que es más bien tiempo de actuar con una cabeza que no admite boinas apretadas a rosca, tozudas, cazurras en el peor sentido.

Es hora de dejar de rasgar vestiduras, históricas o noveladas, y mirar con realismo crítico hacia el interior. De tener tantas agallas como cerebro, más estrategias que pancartas. León tiene que exigir lo suyo desde dentro, no hay armas ni argumentos para quijotescas idioteces en solitario, pero sí para armar ejércitos que enarbolen y remuevan cortes y cámaras bajas y altas desde la inteligencia y el trabajo bien hecho. Ahí también falla el leonesismo de todas las fuerzas políticas con representación. Esta tierra necesita apuesta argumentada y exigente por encima del servilismo partidista. Hartos estamos de escuchar patrañas insultantes aquí y contemplar cervices gachas allá.

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Las maniobras de distracción paleta no son inteligentes ni rentables. El futuro de León exige menos plañideras y más espíritus libres. La lucha se articula desde dentro de las instituciones y las estructuras. El leonesismo se proyecta, hoy más que nunca, desde el interior.