Diario de León
Publicado por
panorama Lorenzo Silva
León

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I nsiste una y otra vez Susana Díaz en los actos de estas primarias del PSOE en el concepto de «izquierda útil», que por descontado pretende encarnar y sugerir que ninguno de sus contrincantes representa.

Votarla a ella es poner en marcha una alternativa poderosa, ganadora; hacerlo por cualquiera de sus dos oponentes es tirar el voto a la papelera. Es a los militantes socialistas, que son los llamados a decidir en este experimento apasionante y casi inédito (hasta la fecha, no habíamos visto nunca dirimirse en un torneo así, a primera sangre y a cara de perro, el liderazgo de una fuerza política nacional con opciones de alcanzar una posición hegemónica), a quienes corresponde valorar si en efecto se hallan ante tal dicotomía y, en última instancia, si es Díaz la manera más satisfactoria de zanjarla.

Los malévolos le replicarán que la izquierda que ella encarna, a través de la gestora plenamente alineada con su proyecto, ha sido la izquierda útil para Mariano Rajoy, a quien ha franqueado el paso de una legislatura practicable pese a contar con poco más de un tercio de los escaños.

Los más malévolos aún le afearán ser la izquierda útil a la derecha política y económica, cuyos portavoces mediáticos nada disimulan que de poder votar en las primarias socialistas lo harían por ella.

Un apoyo que empieza a ser demasiado entusiasta como para que le convenga a alguien que aspira a ser referente del socialismo español.

Descartado Patxi López por su posición casi arbitral entre ambos (quizá lo político, en el mejor sentido de la palabra, sería retirarse, ya sea optando por uno u otro, si es que tiene preferencia, ya declarándose dignamente neutral), la partida se va a jugar entre la candidata del aparato, del pasado y de la «utilidad» del PSOE y el candidato al que le han servido en bandeja la opción de postularse como el paladín de la militancia desairada, del futuro y de la capacidad del PSOE de renovarse y renovar el carcomido andamiaje político del país. Está por ver que Pedro Sánchez sea todo eso, de entrada lo que tiene en el currículum son dos derrotas electorales, pero el exsecretario general y hoy candidato díscolo va a jugar su baza a muerte, presentándose como ariete de una izquierda útil para desmantelar todo aquello de lo que el viejo PSOE sería demasiado rehén y tributario como para poder galvanizar la esperanza de los descontentos.

Gane quien gane, tendrá que contar con esa parte del alma de la izquierda que hoy repudia. A Díaz le hará falta conectar con la rabia que Sánchez capitaliza, y a Sánchez el sentido del Estado y de la utilidad de los que ha hecho bandera Díaz.

Si no, el riesgo es que, pierda quien pierda, el partido se deshaga y termine de resbalar hacia la inutilidad absoluta y definitiva.

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