Diario de León
Publicado por
LA GAVETA CÉSAR GAVELA
León

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S i el Bierzo fuera independiente, uno de esos países de tamaño mínimo, aunque con mucha mayor envergadura que San Marino, Mónaco, Andorra o Liechtenstein, tendría todos los elementos arquitectónicos que configuran a los respetados territorios independientes. El Bierzo es muy pequeño pero cuenta con un patrimonio histórico que le sitúa por delante de infinidad de estados de este mundo, y no es cosa de señalar. Aunque uno podría citar, con cierta malevolencia, a la República Centroafricana, a Belice o a las islas Fidji. En realidad, a casi todas las islas del Pacífico que son estados.

La comarca tiene pedigrí de nación. Esto puede parecer una broma, y lo es, pero es una broma seria. Al menos, eso pienso. Y trataré de demostrarlo. El Bierzo tiene su Covadonga, y con más valor artístico que Covadonga. Obviamente estoy hablando de Peñalba de Santiago y de San Pedro de Montes, dos lugares únicos en Iberia, dos joyas bravas y ardientes en medio de las montañas y los siglos. En el techo boscoso del Valdueza.

El Bierzo también cuenta con una hermosa ciudad literaria; una ciudad con dos ríos. Una liliputiense Verona llamada Villafranca, la urbe jacobea del Burbia y del Valcarce. La ciudad del castillo nobiliario, de las iglesias de Santiago y San Francisco, de la mole vaticana de San Nicolás, de los cuatro conventos, de la alameda y de la colegiata. Que sería, en ese estado oníricamente libre, la catedral donde se celebraría el «Te Deum» por la independencia. Y otros ceremoniales. Sin olvidar a la calle del Agua, curso de tiempo y peregrinos. Vínculo del Bierzo con la Europa antigua y espiritual, viva y perdurable.

Ponferrada, en ese Bierzo mítico y real a un tiempo, sería la capital. Porque le sobra porte para ello. Con su egregia casa consistorial, que sería la sede institucional de la presidencia de ese estado. Con su castillo ilustre, sus ríos y ensanches, sus zonas industriales, y con las sedes de los ministerios ubicadas en la gran plaza de la Rosaleda. Ponferrada no es mucho menos que unas decenas de capitales de estado que por el mundo existen. Aunque le falta el aeropuerto, claro. Pero eso se solucionaría fácilmente.

De todos estos juegos y sentires, toca bajar al suelo de la realidad, y a la vez ascender a lo más alto de la alegría. Porque hay que celebrar que el monasterio de San Pedro de Montes, que está en la entraña del Bierzo y del reino de León, ya es una evidencia restaurada. Gozo que embarga a quienes empezamos a visitarlo en un tiempo de carreteras de tierra, de aldeas pobladas por mujeres con chador cristiano, de paisanos que parecían del interior más remoto de Afganistán. San Pedro de Montes es una fiesta para todos. Una luz y un camino hacia nosotros mismos. Y hacia lo universal. Porque es lo universal lo que construyó el Bierzo que perdura: Roma, la Vía Láctea, León y España.

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