EDITORIAL | León no puede renunciar a la autovía a Braganza
Las declaraciones del consejero de Fomento, el leonés Juan Carlos Suárez-Quiñones, descartando que entre los planes de la Junta esté la construcción de la autovía León-Braganza, han coincidido esta semana con el anuncio de los diputados del PP de Zamora de que en 2018 se iniciarán las obras de desdoblamiento de la N-122 hasta la frontera con Portugal. La León-Braganza no es un proyecto que persiga mejorar la conexión de León con el norte luso. Lo que está en juego es el tránsito de mercancías a gran escala desde Portugal a Europa. Si entran desde el norte luso camino de León o por Zamora.
Lo primero que sorprende es la contundencia del consejero. Hasta ahora, la Junta había mostrado su apoyo a la autovía, que debería financiar el Gobierno Central, hasta el punto de iniciar los trámites para apoyar el proyecto con el desdoblamiento del tramo desde la capital leonesa a La Bañeza con fondos propios.
Es cierto que la situación económica no es la misma que hace 15 años, cuando empezó a fraguarse la idea de hacer una autovía hasta Braganza, pero cambiar el proyecto por la mejora de la carretera de Puebla de Sanabria a Rihonor de Castilla no es la mejor opción cuando está sobre la mesa el debate sobre el Corredor Atlántico, que en su primera fase desde Aveiro a Hendaya deja en segunda fila a León en beneficio de Salamanca, Valladolid o Burgos.
Visto el ejemplo de lo que pasó con el AVE, cuando se decidió que fuera por Zamora a Galicia marginando al Bierzo, León no puede renunciar al proyecto de Braganza si quiere estar en el mapa de los grandes ejes de desarrollo.