EDITORIAL | La otra consecuencia del cierre de las minas
La comarca de Laciana está doblemente abandonada. El cierre de las minas ha dejado tras de sí un territorio estéril económica y socialmente, objeto de políticas de reactivación que no han dado ningún fruto de momento. Sin embargo, existe otra faceta de este cierre, también preocupante, de la que ha dado la alarma el pedáneo de Orallo. El pozo Calderón permanece abandonado desde hace siete años sin que se haya acometido su cierre por seguridad, una tarea compleja que debe ser realizada por ingenieros especialistas y cuya responsabilidad corresponde a la empresa, la desaparecida MSP. Sin embargo, es tarea de la administración autonómica velar porque estas labores se lleven a cabo en aras de garantizar la seguridad de la población, que tiene ahora libre acceso a las instalaciones sin barrera ni advertencia alguna. Y no hablamos únicamente del peligro que corren los exploradores ocasionales. También es obligado acometer los trabajos de estabilización del suelo, la calidad del aire y el agua, así como del control de los metales para evitar la contaminación a largo plazo.