Un machista indignado
M e encontraba con mi hermana en una localidad del alfoz de León cuando escuchamos a nuestras espaldas, y sin pretenderlo, una conversación de dos hombres. Posiblemente, entre los 35 y 45 años de edad. Uno le mostraba al otro su indignación porque una desconocida acababa de llamarle «machista». ¡A él! Y todo por piropearla: «estás como un puto tren». No salía de su asombro. Por supuesto, no era una perplejidad ingenua, sino arrogante. Tampoco había ápice alguno de ironía autoparódica en sus palabras. No daba crédito. ¡Llamarle machista a él! Y dijo despectivo: «¡La tía, encima que le digo que está como un puto tren!». El amigo asintió. Parece una escena sacada del landismo, pero ocurrió hace unos días. Un ego herido. Soy poco dado a cierta exageración feminista, pero lo cierto es que ésta surge como autodefensa ante otra aun mayor y más peligrosa. Por supuesto, no todo machismo arriba en maltrato físico, pero sin duda la situación que acabo de contar es un caso claro de agresividad verbal. Cabe preguntarse ¿y por qué «puto», qué función tenía? Degradar desde unos galones inexistentes. No hay una única forma de violencia de género a erradicar. Si molesta, sobra. No hay más debate. Si tanto le indignó ser llamado machista, ¿qué le hubiese parecido que ella hubiese antepuesto un «puto»?
Cuando Kabir Bedi, el actor que interpretaba entonces a Sandokán el tigre de Mompracem, visitó Madrid le asaltaron unas fans en la calle al grito de «Queremos un hijo tuyo», aunque fuese en un paso de cebra. Tuvo que escapar saltando por los coches. Estaba indignado. Las abolladuras las pagó El Corte Inglés, que le había traído para que anunciase que ya era primavera. El año pasado estuvo en Valladolid y ya nadie le pidió saltos del tigre. Aquellas mozas tendrán nietos. No hay pecho lobo que cien años dure. Ni de loba, claro.
El lenguaje soez también es agresión, cuando la otra persona no te ha autorizado a utilizarlo en su presencia. También, blasfemar delante de un creyente. Y herir a los homosexuales con chistes homófobos. Y esto... Y lo otro. Muchos casos pueden citarse, sin necesidad de ponerle puertas al campo de la libertad de expresión. Pero, ¿adónde iremos, como sociedad, sin un mínimo refinamiento?
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