HOJAS DE CHOPO
Cuánto talento
Con frecuencia lo más cercano es lo menos conocido y, como tal, poco valorado. Nunca he sido capaz de responderme a la pregunta que, sin formularme abiertamente, pone en solfa el hecho de que a las características de los leoneses se pueda sumar la de padecer cierto complejo de inferioridad. No lo sé, repito. De vez en cuando también me asaltan las dudas en este campo. Me lo pregunto, una vez más, mientras asisto en el Auditorio, durante las últimas fiestas de San Juan, al Festival de Fin de Curso de la Escuela de Danza de León, con Blancanieves como eje temático y artístico de la hermosa velada. Al margen del carácter expositivo de la labor realizada durante todo un curso, supongo que de igual o parecido calibre a otras academias, lo cierto es que algunas actuaciones están en los parámetros de la buena profesionalidad y, como consecuencia, del aprovechamiento que posibilite llevar este talento a otros escenarios y a otros ámbitos. Creo que, además de ser un feliz descubrimiento, pondría en valor actividades poco conocidas.
Lo pienso, digo, mientras asisto al espectáculo, que me trae al recuerdo, inevitablemente, algunos otros, músico-poéticos, que en su día tuvieron como eje motor al Conservatorio dentro de una línea de excelencia incuestionable y de notable ejemplaridad. Tanto en un caso como en otros, quizá adolecemos de falta de continuidad —académica, sobre todo— y de demanda institucional. En el primer caso, y por poner un ejemplo muy reciente, la Fundación Cello León constituye una garantía de oportunidades para la excelencia y las posibilidades abiertas, lo que, a priori, significa potenciar y prolongar vocaciones que quizá se verían truncadas sin alicientes como este. Ojalá en otras disciplinas ocurra lo mismo para que nadie se vea privado de desarrollar sus sueños y su talento, en una tierra, y cada día estoy más convencido, donde tanto abunda.
Es paradigmática la riqueza literaria y plástica de esta tierra. Sería, sin embargo, un grave error poner ahí los límites. La música, la danza, la moda, la investigación en alto grado de calidad y diversificación… nos proponen cada día nombres propios que, bien entre nosotros, en abundancia en otras geografías y países, desempeñan una labor más que meritoria, generosa y útil. Pensándolo con la tranquilidad del reconocimiento y la admiración, uno no puede por menos de salir reconfortado de la velada: ¡ay, Dios, cuánto talento! Y cuánta alegría al saberlo y poder constatarlo?.