Diario de León
Publicado por
EMILIO GANCEDO
León

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Oye, todo esto ya lo hemos visto, ¿sabes? No creas que nos pilla de nuevas. Nos suenan las declaraciones, las concentraciones, los mensajes. Nos suena el ambiente tenso de las imágenes que vemos, como si alguien estuviera tirando de ellas en todas direcciones, y también los gestos serios, cavilosos, de políticos y representantes. Nos suenan porque ya los hemos vivido con ocasión de muchos otros desmanes cometidos en un país tan sufridamente habituado a que una minoría intente violentar a los que son —somos— más. Y quizá todo esto vuelva a repetirse en nuestras pantallas, nuevos días sombríos que también se parecerán como gotas de agua. Pero y qué.

Escúchame, chaval. ¿Qué quieres conseguir? ¿Qué han ganado esos a quienes tanto admiras arrebatando la existencia a unas personas —padres, madres, abuelos… ¡niños!— cuyo mayor pecado fue el de pasar por allí? ¿Quién eres tú para decidir quién ha de vivir y quién debe morir? ¿Acaso te crees Dios? ¿No ves que matando así, unidas la brutalidad del azar con la fría ferocidad de la premeditación, transgredes la primera regla de la religión por la que dices luchar, de cualquiera de las religiones, de todo pacto social? Qué paradoja, ¿verdad?

Pero sí, lo sabemos. No es ningún secreto. Estás asustado, te sientes solo, el mundo es una cosa grande, injusta e incomprensible, y un día un hombre —parece un hombre bueno, un hombre sabio, casi un santo— aparece en tu vida y todo comienza a encajar, hay una dirección, una luz al fondo, y te dice que esa es la senda de los héroes. Pero óyeme, chaval, matar inocentes no entraña heroicidad alguna, todo lo contrario. Escúchame porque quizá ninguno de tus amigos te diga estas cosas: todos los que ves a tu alrededor, todos, estamos como tú. Todos dudamos, todos nos sentimos solos muchas veces y a todos nos asusta el futuro. Todos querríamos hacer grandes cosas. Pero mira una cosa, todos somos hombres. No existen ángeles vengadores entre nosotros.

Mira chico, tienes toda la vida por delante. Deja eso que estás haciendo, aléjate de ese hombre enloquecido y frustrado, acosado por sus propios complejos, y busca tu camino en paz.

Entonces sí que serás un héroe.

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